ALBERWORLD: el blog

[fuente fundamental de toda información subjetiva]

 

Un problema generacional

Un problema generacional / Compañeros (Antena 3, 1998 - 2002)

No hace mucho que Andrea Duro, la actriz que encarna al personaje más ‘putifantástico’ de Física o Química, declaró que le gustaría que la serie de Antena 3 hiciera un cambio rotundo de actores llegado el momento. Esto me provocó inmediatamente unos espasmos incontrolables, y todo al acordarme de lo mal que acabaron otras producciones al intentar hacer ese relevo generacional. ¿Es la mejor solución para unos personajes que no pueden dar más de sí?

Hay casos en los que una serie de televisión sigue teniendo audiencia, ocupando buenos puestos entre los programas más vistos, y todo esto después de una cierta trayectoria al alza. Pero ocurre que una parte importante de sus personajes están finiquitados: con ellos se han jugado muchas posibles tramas e ir más allá les restaría verosimilitud.

Existen dos vías fundamentales: una, dar el cierre definitivo a la serie. Ojalá muchas de ellas tuvieran una muerte tan digna. Pero la época de Médico de familia u Hostal Royal Manzanares queda ya muy lejos. A los directivos de las cadenas, hoy, les importa muy poco si la serie gana o pierde en calidad, y fuerzan su continuidad siempre y cuando siga un ritmo estable de audiencia. Por eso, la estrategia más recurrida para afrontar este problema es el cambio de personajes, pero manteniendo la estructura y su razón de ser.

Los más claros ejemplos son las series juveniles. Llegado a un punto de recorrido, ya nadie se traga que unos alumnos repitan curso cinco temporadas seguidas, especialmente cuando los actores tienen pinta de tener una carrera universitaria terminada. Eso le ocurrió a Compañeros (Antena 3, 1998 - 2002), que jubilaron a toda la banda y la cambiaron por otra. ¡Qué fácil resultó identificar los mismos roles de los otros en los personajes nuevos! Lo único que cambiaba eran las caras. Pero es por eso mismo, porque el público estaba encariñado con los rostros, por lo que la serie fue ‘in-descendo’. Aguantó dos temporadas más, y mucho fue.

Los cambios radicales tienen mayores posibilidades de fracasar que un cambio gradual. Cuando nos quisimos dar cuenta, el último capítulo de Al salir de clase (Telecinco, 1997 - 2002) nada tenía que ver con el primero. Pero aguantó bastante bien, para ser una serie de emisión diaria. Algo similar ocurrió con Siete Vidas (Telecinco, 1999 - 2006). Las primeras rotaciones en el elenco eran aceptables. Florentino Fernández dio vida al hijo torpe y fracasado de Sole… papel prácticamente exacto al que abandonó Javier Cámara. Pero lo de las últimas temporadas fue más descarado: el plató se colmó en exceso de personajes tontos y que se nos han hecho nada memorables.

La televisión es España debe acostumbrarse a que cuando una serie ha tocado techo y sólo cabe esperar un bajón, lo ideal es dar un desenlace a las cosas. Claro que se puede hacer sustitución de personajes. La clave está en que los nuevos igualen o superen a aquellos, logro que es bastante complicado de conseguir. La segunda mejor alternativa parece que está en poner punto y final.

Archivado en: Televisionado
20 Octubre 2009
14:43
Comentarios :
 

Deja un comentario