Para más INRI, una auténcica crucifixión
Impactante. Podemos reír. Podemos carcajearnos. Podemos tirarnos al suelo y patalear del descojono. O no. Podemos llorar. Podemos horrorizarnos. Podemos estar conmocionados. Lo cierto es que un final así no puede dejar a nadie indiferente. Yo, por ejemplo, no sé cómo tomármelo. Pero me lo tomaré.
Por un lado, esta situación es un poco “risa”. Vemos al ancianote ese, junto a los demás, devotos todos ellos, tan concentrados. Bueno, nuestro protagonista en cuestión no. Porque no se puede hacer un viraje como él lo hace, como quien lleva cargando un saco de papas, que si se cae, mira, al menos se desprende un poco de tierra. Pero no, que se trata de la representación de una deidad. Y bien lo saben los demás, porque la figura tarda unos segundos en estamparse contra el suelo y, mientras, el público (enfervorecido, faltaba más) ya está gritando de pavor.
La heroína de todo esto es la monjita, la única que se atreve a intentar salvar lo insalvable. No ‘insalvable’ porque no se pudiera rescatar antes de romperse. Claro que se podía. Si es de escayola, por favor, que no pesa ni lo que una bombona vacía. Pero el resto de la audiencia está paralizada, como quien ve un nuevo pase de Videos de primera.
Pero, por otro lado, comprendo (y a la perfección) el desazono que supondrá un video como este para alguien católicamente religioso. Una imagen como ésta se entiende como alguien cercano, a quien se le quiere. Aún siendo consciente de que no es más que un muñeco (realidad que ya comenté en anteriores capítulos), es duro ver cómo algo a lo que se venera se hace añicos.
La burla que se le pueda sacar al suceso le parecerá de mal gusto. No se puede negar que nuestro protagonista haya hecho el ridículo, y que merezca vetarse su entrada en la Iglesia por patoso (chiste, lo siento). Pero seamos misericordiosos, que ya bastante tendrá con que sus vecinos le crucifiquen por esta anécdota. Ahora bien, si van a hacer una recolecta para reparar el daño, eso sí, que no sea para comprar Loctite. Recórranse la barriada entera, rifen jamones, acudan a telemaratones… Pero no le hagan el feo a San Pancracio de encerrarle nuevamente en escayola. Denle la madera policromada que se merece.
25 Octubre, 2009 a las 18:24
Muajajajajajaja a mi este vídeo me parece de lo mejor que he visto en mucho tiempo!!! Fantástico!!! Al facebook ahora mismo!!!