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Crónicas Marcianas, ¡te echo de menos! (II)

Crónicas Marcianas, ¡te echo de menos! / 03

Que no quepa duda de que Crónicas Marcianas ha incidido, de una u otra forma, en la manera de hacer televisión. Los libros escolares de hoy tardan en incluir el programa de Telecinco entre sus lecciones. Para ellos ya he propuesto una división evolutiva, claramente diferenciada por la tendencia a las que ha ido derivando Sardá, maestro de orquesta desde aquella mesa espacial, y empezando por la que sería su época inicial y clásica: desde la temporada 97/98 a la 99/00.

Esta edad, en la que Crónicas buscaba definirse, supone tres temporadas de continuo crecimiento, las cuales mostraron la cara más amable del ‘late show’ a lo largo de su historia. Javier Sardá se presentó con un programa repleto de variedades, pues incluía entrevistas abordadas desde el humor, invitados provenientes de la sociedad más ‘sana’ e incluso de altura internacional, debates humanistas que tocaban desde la actualidad hasta la ciencia, así como secciones y sketches de suaves punzamientos.

Crónicas Marcianas, ¡te echo de menos! / 04Sus primeros colaboradores fijos eran desconocidos para la televisión nacional, pero muy cercanos al trabajo de su director (Sardá venía del programa radiofónico La Ventana, Cadena Ser). Así, conocimos a Mariano Mariano, un entrañable comediante cuyos mejores momentos se cuentan cada vez que se hacía pasar por parte del público, por supuesto, con cosas hilarantes que contar y que terminaban en disputas aún más divertidas; Manel Fuentes, cuyas imitaciones se limitaban fundamentalmente a Javier Gurruchaga, y que encontró su sitio comentando la sección de zappings. Desde esos videos, sin salir al pueblo (como lo haría posteriormente Javier Cárdenas), encontró a futuras promesas del frikismo patrio: El Risitas, El Cuñao, Po’ zí, Los Barones de Transilvannia…

Sin embargo fue Martí Galindo, no sólo el colaborador que más destacaba, sino alguien que se convirtió en todo un fenómeno social. Ese actor menudo, a disposición del cerebro de Javier Sardá, no se trataba de alguien especialmente gracioso. Pero despertaba una ternura y una gran simpatía que calaron entre el público. Bien podía dar paso a videos (dudosamente) graciosos, como encarnar un personaje clave en sketchs con el resto de compañeros.

Meses después del inicio de Crónicas, a partir del especial que se grabó para Nochebuena, Paz Padilla se incorporó entre los ‘marcianos’, terminando por consagrarse como cómica. Dio vida así a una multitud de personajes prototípicos por los que ni Sardá  pudo evitar aguantarse la risa.

No obstante, Padilla sólo estuvo una temporada, y creyeron poder sustituirla por la actriz y cantante Roser Puyol (‘Tina Turmix’ en La Parodia Nacional, y hoy cabeza de la serie Cosas de la vida en Disney Channel). Tomoka, como así fue bautizada para la ocasión, cumplió un papel digno, pero no le llegaba a la suela de los zapatos a su antecesora. Apenas llegó a la temporada completa.

Otro de los que pasaron con más pena que gloria por ‘Marte’ fue Toni Clapés, que complementaba a Fuentes con sus imitaciones, destacándose la de Luís Llongueras. Pese a su gran talento, quedó relegado a una segunda fila. Colaboradores bastante más temporales fueron Leo Bassi, que convertía en espectáculo los experimentos con extrementos y otras pruebas excéntricas; Enrique Pinti, un humorista argentino que se sentaba junto a Sardá para dar hilo a sus monólogos; Carlos Latre, que tuvo apariciones contadas en los primeros programas con imitaciones reducidas principalmete a Carmen Vijande…

Frente al humor, la otra media baza del programa eran las actuaciones musicales (buena parte de ellas en directo) y las secciones que llegaban incluso hasta lo didáctico: Carlos Blanco, el niño superdotado que se lucía impartiendo sus clases de divulgación: Miguel Pérez Abellán y su crónica de sucesos; Xavier Vidal, que compaginaba su puesto de guionista en el programa con su sección sobre curiosidades en Internet; Javier Sierra y sus casos de fenómenos paranormales; la sexóloga Carmen Vijande y su consulta; el ermitaño Romaguera, el primer experimento de Sardá en cuanto a convertir a una persona extravagante en una figura de la que poder reírse, de ahí que éste se bajase del carro y dejase de acudir al programa; y, por supuesto, aquellos debates sobre polémicas sociales en los que Pilar Rahola, Juan Adriansens, Javier Nart, Ramoncín o un finiquitado Padre Apeles difícilmente se ponían de acuerdo.

Aunque hasta ahora haya presentado a esta primera época de Crónicas Marcianas muy edulcorada (tan diferente de las siguientes), lo cierto es que Sardá ya apuntaba maneras hacia el cambio de viraje. Nunca faltó una mesa de la que se aireaban chismes o se criticaban a famosos (aún de categoría ‘Hola’), codirigida por Carlos Ferrando y flanqueada por Bibiana Fernández, Loles León, Rappel, Enrique del Pozo, Ivonne Reyes… Crónicas Heredó el erotismo de Pepe Navarro y también concedió espacio al striptease, por las que Chiqui Martí y sus acrobacias obtuvieron notoriedad.

En otros términos, Sardá confirió al programa una estética curiosa. El escenario debía representar el planeta Marte. No sólo destacaba por los objetos curiosos que enviaba el público y que se reunían en un escaparate, pero más nos llamó la atención la representación del Planeta Tierra, que movía sus propios ojos por detrás del presentador. Su imagen sirvió para los primeros recopilartorios de Crónicas, como la serie de Las 101 mejores canciones de…, que alcanzaron altos puestos en las listas. Para el lanzamiento de Salsa Marciana se grabó un videoclip musical en el que participaban los colaboradores y para el que Sardá se atrevía con el saxo. También se publicaron libros firmados por Vijande, otros de índole filosófica, un recopilatorio de las respuestas a las peculiares preguntas que Sardá lanzaba al público en plató y que él leía cada noche, y hasta unas reflexiones del personaje clásico creado por éste, el Señor Casamajor, al que le descubrió su “verdadera cara” para poder entrevistar a algunos invitados bajo este rol.

A partir de la última temporada de esta época se unió Boris Izaguirre, el primer eslabón del showman del siglo XXI. Su entrada no fue casual, pues el venezolano venía de otros programas de la misma productora, Gestmusic. La participación de Izaguirre quizás significaría la apertura del glamour a medias tintas, a la par que del ordinarismo, de la vulgaridad, de la auto-ironización de la homosexualidad, de lo medianamente friki… Y no hablo sólo de Crónicas Marcianas. Pero esto, señores, ya forma parte de otra historia.

Véase también, por qué no…
Crónicas Marcianas, te echo de menos (I): Introducción y orígenes
Crónicas Marcianas, te echo de menos (III): Etapa renacentista
Crónicas Marcianas, te echo de menos (IV): Etapa barroca

Archivado en: Televisionado, Memorabilioso
16 Octubre 2009
12:38
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