Anuncios mientras descubrimos el cadáver

Los chicos de la serie El Internado son un poco raritos. ¿Quién en su sano juicio pone un fondo de escritorio de Telefónica en su portátil? ¿Por qué están emperrados en pillarle el Seat Altea al profesor? ¿Por qué todos, desde la gobernanta hasta la rata que vive en el tercer piso, reciben cada 10 minutos un paquete de MBE? Estamos ante un caso evidente de ‘product placement’. No se trata de una nueva enfermedad venérea, sino de una manera de integrar publicidad en los propios espacios. Pero es que lo hacen de forma tan cutre que revientan la serie.
El ‘product placement’ es una estrategia de marketing que resuelve el consumo publicitario. Ya nadie podrá escapar de tragarse los anuncios, porque si no aparece en los mismos decorados, serán los propios personajes quienes aparezcan con los productos: unos lo cogen y lo enseñan a la cámara (en un casual descuido, por supuesto); otros mantienen interesantes temas de conversación sobre los premios que reparte la marca que consumen.
No obstante, la forma en que estos productos irrumpen en las escenas es tan descarada, haciendo perder el ritmo de los acontecimientos, que a veces hasta nos provoca la risa, aunque en ese momento descubran un cadáver descuartizado, en el peor estado de descomposición posible, roído por las ratas y en la más maloliente fosa séptica del mundo. Meten tan apretadas las insinuaciones publicitarias que no me extrañaría que en próximos episodios las tramas giren entorno al tesoro escondido en la fábrica Tosfrit, y haya que disfrutar (para su público) comiéndose todos los gusanitos y así encontrarlo.
Por ejemplo, tanto en LEX como en Física o Química se conectaban con un USB de Vodafone desde el ordenador: “Oye, qué rápido te va ahora Internet. Por cierto, ¡qué fuerte que Ruth se haya intentado suicidar!”. ¿Quién me niega que este argumento pierde credibilidad? He leído por ahí que Cuéntame cómo pasó no recurre a esta clase de publicidad. Entonces, ¿por qué todos los Alcántara se pasan el día cantando aquello de que “es la Española una aceituna como ninguna que está rellena de rica anchoa”? Porque mira que la canción del Cola Cao también era bastante famosa y parece que desconocen el producto…
Se ha perdido la tradición de que, inmediatamente antes de cortar para la publicidad, algunos de los personajes secundarios (o terciarios) protagonizasen un pequeño bloque haciendo publicidad más directa. Ahora las etiquetas invaden la cocina de Los Serrano, que aún hoy me parece increíble que su economía fuera tan precaria como para consumir productos 1, del Carrefour. En el caso de Aída es más creíble. Por el contrario, en Cuestión de sexo, el presupuesto llegaba para los pañales de la gama blanca más alta del mismo hipermercado.
Podría comentar muchos casos más, como que los amigos de Nacho Martín siempre se daban a la bebida con Águila Amstel, que en Manolo y Benito nunca trabajaban y por eso tenían los cubos de pintura Tkrom llenos, o que la Toñi nunca llamaría a Arturo desde un operador que no fuera Airtel (a ver cómo se lo montarían ahora sin esta compañía). Pero el tiempo corre y quiero tomarme mi jarrita de Clipper de fresa bien fresquita. Mmm, que rico…
Deja un comentario