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Zapatero no me quita el sueño

Zapatero nunca me va a quitar el sueño

Salvo que ocurran grandes tragedias, muertes de altas figuras y otros eventos de copete, la política es la que suele abrir los informativos en televisión y las primeras páginas de los periódicos. ¿Tan importante es para nuestras vidas? Sí, pero no como para que gire entorno a ella. Hoy hablo de la apolítica, una actitud que tiene en la indiferencia hacia los gobiernos su razón de ser, pero que ni el propio apolítico debe negar que su vida depende de la ordenación política.

Tema serio, ¿no? El tema de la política nunca lo he abordado en este blog, ya que no es su línea. Pero es que tampoco voy a hablar de ello, cuando ni siquiera participo en las conversaciones con amigos o conocidos. Reconozco que los asuntos políticos no me interesan, pero a la vez confieso que tengo tendencias y un mínimo de preocupaciones sobre cómo funciona tal cosa u otra (en cualquier grado nos afecta). Entonces, ¿he de considerarme apolítico? Prefiero considerarme agnóstico político, o sea, ni me va ni me viene especialmente pero sé que algo hay.

Por una parte, como me referí en un principio, no creo que la política deba ocupar las principales informaciones del día. Por ejemplo, una reunión entre José Luis Rodríguez Zapatero, Presidente de España, con Josep Lluís Carod Rovira, cabeza de Esquerra Republicana de Catalunya. Por qué nos bombardean con este suceso cuando ni siquiera soy catalán. ¿Porque Carod es más ‘importante’ que el dirigente de una Comunidad Autónoma, que en estos casos apenas se ven mencionados si no es en la propia región? ¿Porque Carod despierta más morbo por las pasadas polémicas? Seguramente.

Y esto, dentro de los asuntos políticos. Que antepongan la reunión entre Zapatero y Rovira (generalmente no tratan asuntos de alcance nacional) por encima de un accidente aéreo en Laos o de un atentado terrorista en Tumbuktú, me resulta desquiciante, puro espectáculo. Qué decir cuando me informan de que Paulino Rivero, Presidedente del Gobierno de Canarias, ha visitado un hospital a ver niños enfermos, me pregunto si en verdad creen que algo así es lo que necesita saber la ciudadanía. Altamente informativo es que hayan llevado al Senado proposiciones, o que desde el Congreso se hayan aprobado medidas que afectan al país. Me interesa. A todos nos interesa. A los apolíticos también. No pueden escapar de algo que afecta a la sociedad en la que vive. Pero tampoco lo comentaré media hora con mi vecino.

Cuando mi círculo empieza a debatir sobre política, como dije, no participo. Me aburre hablar de si el Ministerio de Economía ha sabido o no afrontar la crisis, o de sus relaciones exteriores con EE.UU. o Venezuela. Sé que podría resultar banal preferir hablar de las últimas chorradas de La Veneno antes que de eso. Considero que merece más la pena pasar la vida divirtiéndonos que preocuparnos por cosas cuya solución no está en nuestras manos, hasta la hora de unas elecciones. Hablar de política antes, durante o después, sí. Pero cuando no se dedica profesionalmente a ello y obsesionarse con estos temas me parece que es consumirse tontamente el tiempo uno mismo.

También es verdad que cuanto más cercano los temas gubernamentales, más nos afectan. Así, podríamos llegar hasta lo que hace mal o bien el presidente de mi comunidad de vecinos. ¿Quiero decir para este caso sí estoy más dispuesto a tocar puerta por puerta para debatirlo, que si se tratasen temas desde Madrid? No. Tampoco esto ocuparía mi tiempo libre. Pero sí hay más posibilidades de que me desvele el que me corten el agua unas horas, que el debate del Estado de la Nación (que, por cierto, más que de otra cosa tiene más de Salsa Rosa camuflado en corbatas).

Archivado en: Las cosas de la vida
29 Agosto 2009
21:14
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