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Sálvame de este horror

Sálvame de este horror

Pongamos a alguien que en el año 2006, por ejemplo, decidiera criogenizarse a las 15:30 horas, después de ver una edición cualquiera de Aquí hay tomate. Si hoy se descongelase a la misma hora y encendiese la tele, pasarían dos cosas: o terminaría por pensar que la máquina tuvo un pequeño fallo de 5 minutos y sigue en el 2006, o bien dejaría de creer en la teoría de la Evolución de Darwin. Todo por culpa de Sálvame, el programa de Telecinco que es la reencarnación de las pesadillas para los famosos de alto copete, y el sueño para los personajillos que buscan su minuto de gloria o la hora completa.

En efecto, Sálvame es la última apuesta de la cadena por salvar sus tardes, cuya audiencia caía y caía desde la retirada del ‘Tomate’. Este suceso, que dejó por entonces huérfanos a Jorge Javier Vázquez y a Carmen Alcayde, encontró su fin seguramente ante la acumulación de demandas judiciales y por un afán de cambiar de rumbo en la línea de la cadena, saturada de espacios charlatanes que convertían en estrellas al chófer de la Jurado y a la asistenta de la Obregón. No obstante, en vista de que ir de ‘buenos’ desde entonces no les ha ido bien en audiencia, Telecinco ha vuelto a apostar por este formato, aunando los ‘reportajes’ y cebos intrigantes de Aquí hay tomate, con los colaboradores casposos de A tu lado.

Y los espectadores han vuelto al panal de podrida miel. Tanto es así que no les basta con hacer frente a la competencia vespertina, sino que se ha erigido como armada (aún no tan invencible) contra las noches de ‘DEC’. Su fuerza reside en la forma ridícula, banal, quijotesca quizás (por la de hacer ver gigantes cuando en realidad son simples temas de molino) con la que tratan aquello que consideran como ‘noticia’. No digo yo que deje de divertir. Todo lo contrario. Pero a veces se pasan de la raya y hacen de un pequeño tropiezo un gran espectáculo que pueden extender dos horas, o bien sacan a relucir verdades o mentiras de personas ajenas que realmente no interesan más que a los propios protagonistas, y además de manera agresiva y a veces para joder. Y si no es con esa intención dañina, lo hacen para que vuelvan a llamar a ese colaborador sucio para el próximo programa.

Hagamos una lista de algunos de esos colaboradores, en orden de espanto:

  • Kiko Hernández: Superviviente de la panda de colaboradores que engendró Gran Hermano, quien creyó que su vida ya no tenía sentido tras la cancelación de A tu lado. Ha vuelto a la ‘pantalla enemiga’ con la misma mala (y pestilente) leche de siempre, sólo para insultar con esa seguridad que da creerse que se es el rey del mambo.
  • Rosa de Benito: Cuñadísima de la Jurado, bajo la sombra de la folklórica y madre de otra que lo es (también sombra, digo). Cuando no es para hablar de la buena época que le supuso Rocío Jurado en vida, es para cantar medio repertorio de la malograda cantante porque otra cosa mejor no sabe hacer.
  • Mila Ximénez: Ya no tiene más por dónde atacar a la Pantoja, pero cuenta con una serie de contactos que le aportan informaciones si quiere que le abran la puerta en Telecinco. Eso, unido a su fuerte carácter y al mal pie con el que se levanta según el día, puede hacer que una de estas tardes explote el plató y todos mueran por el envenenamiento de su lengua.
  • Belén Esteban: o el Jack Skellington de Pesadilla antes de navidad, pero con ese toque de ordinariez tan popular. Su rol de madre coraje que tanto conecta con el público y las barbaridades que suelta por su boca son los ingredientes que le han valido su sitio en el programa.
  • Karmele Marchante: Alguien que se cree que lo que hace se puede llamar ‘periodismo’, y por ello luce en pantalla justificándose como profesional. Sin embargo, aporta un divertidísimo patetismo y ha aprendido a reírse de sí misma una vez que se ha dado cuenta de que muchos nos burlábamos de ella.
  • Lydia Lozano: Con la misma etiqueta de ‘profesional’ que Marchante, pero con una gran bocaza que le pierde. Aún así, guarda las formas y, cuando Jorge Javier se lo pide, aprovecha el moreno pillado de Canarias para lucir cuerpo bailando al ritmo de los politonos.
  • Regina Do Santos: La verdad es que su participación no vale para mucho. Peca de ingenuidad y simpatía para un sitio así. Pero supone la principal atracción para el segmento masculino del programa, y canta versiones extrañas cuando Jorge Javier se lo indica.

En fin, el programa Sálvame contaría con mi aceptación de buena gana si no fuera por esos habituales momentos en los que se ensañan con determinados famosos. Pero el público manda, y Franco no está para cortar cabezas si no es la de los gusanos (los que le acompañan bajo tierra, me refiero).

Archivado en: Televisionado, Reviús
27 Agosto 2009
21:49
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