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El amor, eso tan odioso (V)

El amor, eso tan odioso (V)

Cinco lobitos tiene la loba, y por cinco artículos vamos ya sobre algo que no es menos peligroso: el amor, que a veces también nos enseña sus fauces y nos devora todo lo devorable y más. Para que ello ocurra, primero tiene que surgir la chispa. Chispa que, por lo general, suele producirse en una fase que tiene que ver con el sexo. No nos engañemos, que eso de decir “me he enamorado de su mirada” es porque estamos perracos perdidos de modo que, si hasta algo tan intangible como eso nos agita los pantalones, qué otras cosas no nos cautivarán de una persona hasta sentir tocar el cielo.

Eso. Sexo. El amor empieza por el sexo, por la atracción en lo físico: culo, tetas, paquete y, ya en menor medida, ojos, nariz, cabello, piernas… Antes indiqué aquello de ‘por lo general’ para no pillarme los dedos. Hay que reconocer que hay corazones puros y limpios que saben ver más allá del exterior, que se llegan a conocer de casualidad (a veces ni eso, en lo que llaman ‘flechazo’) y tras unas conversaciones o producirse entre ellos una de esas ‘simbiosis’ inexplicables, surge el romance.

Después de soltaros aquí la sinopsis de La Bella y la Bestia, volvamos a la realidad: eso, sexo (es que se me llena la boca…). Sexo. Después de esto, pueden suceder varias cosas: uno, que se quede en mera atracción sin estrechar contacto alguno; dos, establecerlo, pero en la cama. Después del croissant mañanero, si te he visto no me acuerdo; tres, con sexo previo o sin él, conocer en profundidad a la persona cuyo porte nos motivó a saber de él.

La personalidad es el otro gran elemento de enganche, el más determinante lo más seguro. Porque no nos podemos pasar toda la eternidad follando, también hemos de pasar el tiempo conversando y compartir distintas actividades. A este respecto, la amabilidad, la sociabilidad o la solidaridad tienen un gran poder de atracción, sobre todo la simpatía. El sujeto puede no ser bien agraciado, pero si se marca unos buenos chistes y comentarios ingeniosos tiene consigo la posibilidad de hacer comprender que el aburrimiento nunca va con él.

Unido a la personalidad también está la inteligencia. Después de charlar sobre las nanotecnologías en un mundo disfuncional y/o tras verlo hacer un sudoku, hay quien se convence por arte de magia de que está delante del hombre/mujer de su vida. La fluidez mental pone mucho, y es que por lo menos se le puede sacar más provecho que a un tonto, a quien no se le puede confiar hacer la renta familiar.

Existen otras causas que nos pueden llegar a enamorar, pero ya relegados a un grado ínfimo: estudios, trabajo (que no dinero, porque una cosa es que sepamos que sentimos amor hacia esa persona, y otra a su cuenta bancaria, que no son el mismo ente indivisible), ideales, aficiones, estilo de vida… pero más especialmente aquellos gestos de cortesía y amabilidad, actitudes que tiran de lleno hacia el corazón.

¿Estos son los factores para enamorarse de alguien? Si, pero hay muchísimos más de los que he puesto aquí, quizás infinitos. Las variables, como siempre, dependen de los gustos de cada uno. Incluso aquello que nos pueda parecer extravagante puede llegar a ser causa para el año que viene en el juzgado haya fecha de boda.

Archivado en: Las cosas de la vida
5 Agosto 2009
21:02
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