No os lo vais a creer, pero Brüno es gay

Brillante frase aparecida en el trailer de la película, su película, un intento de Brüno por engrasar las aceras de enfrente del más refinado aceite, y bajo una forma espectacular de desperdigar sus plumas. Ahora, que las apariencias humanas que trata de mostrar Sacha Baron Cohen (quien realmente está detrás de esa sombra facial Margaret Astor) son puestas por el público de insolentes. No les falta razón. Pero, ¿quizás no es más que el espejo irónico de la sociedad actual?
Lo dicho: aquel trailer me enamoró, a mí, que soy ferviente admirador de lo escatológico. Pensaba entonces que sería una de esas películas con dos o tres puntos fuertes, provocadores del impacto emocional, pero que el resto de la trama sufriría de flojera suficiente como para convencerme de no volverla a ver. Este misma convicción tuve con Ali G y con Borat, otros personajes del susodicho actor británico.
No obstante, Brüno es tan humanamente visceral y refleja el mundo gay de manera tan sórdidamente extrema, que hasta pienso comprarme la edición en DVD (pero cuando salga su edición barata o con palomitas de regalo). Incita tanta la carcajada que hasta sale sola, incluso sin compañía ni risas enlatadas.
La cinta comienza con Brüno revoloteando como reportero de moda en una cadena de televisión austríaca. Sin embargo, es despedido por el ‘pollo’ que monta en una exhibición de Ágatha Ruiz De La Prada (por eso no entiendo cómo no pasó desapercibido). Esto le supone un revulsivo, y decide viajar a EE.UU. para hacerse famoso… y al precio que sea.
Esos intentos por conseguirlo son, precisamente, lo que alarma a ese grosor conservador de la sociedad. También les comprendo, eh. Cómo explicar a un niño que eso con lo que él y su novio pigmeo andan haciendo malabares (¡y cómo lo hacen!) es un consolador. Además, frivoliza con temas considerablemente serios como el conflicto árabe-israelí, y la escena del bebé que trae de África metido en una caja de cartón se convierte en una imagen bastante fuerte. Pero no es menos cierto que, señores, al cine se va con la cabeza destemplada, que todo es 94’6% ficción. Por ejemplo, ¿alguien se cree de verdad que James Bond ha matado a toda esa gente sin despeinarse?
A pesar de que nos llevemos las manos a la cabeza con Brüno, hay que aceptar que muchas de las inquietudes y acciones de este personaje se basan en la (cruda) realidad: la adopción ‘internacional’ de Isabel Pantoja, el deseo por conseguir la fama a cualquier costa, la extralimitación de la consideración del arte, la suposición de la homosexualidad como una enfermedad… Se trata, sin más, de una absurda combinación entre realismo y comicidad. Y me priva lo absurdo.
Deja un comentario