De ruta gastronómica por la ULL
El siguiente artículo pretende subsanar un error fatal de la Guía del Estudiante de la ULL (Universidad de La Laguna), que carece de un capítulo muy importante. Es verdad que el novato consigue de manera fácil e inmediata información sobre cómo conseguir bonos de comedor (concedido en base a la renta familiar), que no son más que descuentos sobre los menús diarios de las cafeterías universitarias. Pero no es menos cierto que éste va a ciegas, con la tarjeta cargada por delante, sin saber en qué bar se mete. Una vez más, que sirva esta publicación como guía gastronómica y social de aquellas facultades de las que mi estómago ha sobrevivido.

Antes de comenzar esta ruta gastronómica por la ULL, he de añadir una realidad general: si un día en el menú hay pescado encebollado con papas guisadas, no se estruje la cabeza. Al día siguiente le tendrán preparados ensaladilla rusa o croquetas de pescado. Ahora sí, iniciemos el peregrinaje por las cafeterías de cada facultad:

Una de las cafeterías más concurridas es la del Aulario de Guajara. Será porque atiende a tres facultades o por la gran capacidad de su local, pero no será por la calidad de su comida. Se podría decir que son los mayores importadores en congelados de la ULL, y que la empresa de gelatinas le ha puesto en un altar porque no sirven otra cosa de postre. Al menos ya no sirven aquellas papas fritas, que eran como duros alfileres, y que el servicio se agilizó al establecer el sistema ‘buffet’ después de que los alumnos casi se amotinaran por traerles tarde la comida.
Lo PEOR: Hay muchas probabilidades de que cuando llegue a caja haya cambiado el menú (por fin de existencias) y lo cambien por un plato pésimo.

La misma empresa tiene bajo su mando la cafetería de la Facultad de Periodismo. Se hace así lógico que compartan el mismo menú diario. Bueno… la mitad del menú a este lado del campus, ya que no dan a elegir entre dos platos como en el anterior. Sin embargo, disfrutará de más tranquilidad al no haber el bullicio ensordecedor del Aulario.
Lo PEOR: Vigile las vueltas del cambio.

Siempre he sido un gran defensor de la comida y del servicio de la Facultad de Económicas y Empresariales. Aparte del ambiente agradable, tiene una gran variedad de menús (salvo por la col, siempre omnipresente, si no en forma de ensalada, sí en forma de puré).
Lo PEOR: Esas chuletas empanadas, que cuando uno va a cortar no sabe por dónde se va a encontrar el hueso.

Si gusta usted de un mobiliario setentero, el Comedor Universitario (en la Facultad Central) es su sitio. No he ido mucho a comer. Será coincidencia que las veces que he estado suela haber macarrones y pollo empanado en el menú. Pero puedo concluir que sus platos son de los más caseros de la Universidad.
Lo PEOR: El agua de las jarras tienen, arggg, un color marrón sospechoso.

Las delicatessen de la Universidad se sirven en la cafetería de la Escuela de Arquitectos Técnicos (vamos, Aparejadores). Aún guardo en mi memoria aquella berenjena rellena… Sugerencia del crítico: repose la comida disfrutando a la salida de la colección de pomos, ya que en cada puerta del edificio cuelga uno distinto.
Lo PEOR: El sitio es un poco estrecho. Con cuanta menos gente vaya mejor.

Dejé a propósito para el final mi crítica a la cafetería de Derecho. Es donde últimamente solíamos comer más, ya que la comida es de las más equilibradas en cuanto a calidad y variedad, y quizás el único sitio donde sirvan margarina (marca Astor, como olvidarte).
Lo PEOR: Existen posibilidades de que le sirvan una chuleta en el plato y al de detrás, dos.
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