“Invasión chicharrera en tierras canarionas”

La riña canariona-chicharrera no se ha tomado vacaciones, una vez terminada la temporada futbolística. Porque está visto que la pelea por el orgullo regional no sólo se detiene en un balón. Ahora, las voces provienen en esta ocasión de algunos grancanarios, atónitos porque en la isla se promociona a pie de calle las excelencias de nuestros vecinos más cercanos, al otro lado del mar. No. No hace falta que vuelvan a fijarse en la fecha de este artículo. Este suceso no es del siglo anterior. Última hora: hay mentones arcaicos que pululan fuera del Museo Canario.
El Cabildo de Tenerife, como cualquier entidad turística, ha comenzado a promocionar su isla el pasado sábado en Gran Canaria. Sólo que este año, para variar, los folletos y los bolígrafos se reparten al aire libre, en la playa de Las Canteras. De este modo, los ciudadanos han percibido con mayor notoriedad la publicidad de una alternativa para las vacaciones. Muchos lo han recibido como lo que es. Pero luego hay unas cuantas cabecitas locas que se lo han tomado a la tremenda.
Yo ya lo había avisado en un artículo anterior, que hay mentes en las islas que se resisten a evolucionar. El Pleito Insular se ha extrapolado en la sensación de quienes le desagradan que en su propia tierra se dé bombo a la identidad de aquellos que consideran enemigos. Leído así parece algo absurdo. Créanme que lo es.
Lo peor de todo es que no se queda en un comentario (jocoso o exceso en dramatismo) con los amigos. Según informa el sitio digital de Canarias 7, las azafatas que cada sábado del mes de julio atenderán el puesto a pie de playa, han recibido reproches de ciertos viandantes. A una mente racional le provocaría vergüenza ajena que se produzca este tipo de situaciones. A una mente racional le provocaría pavor que hasta un representante político del Ayuntamiento palmense no se corte en lanzar también duras críticas.
Esa es la auténtica provocación: al edil del Partido Popular, Felipe Afonso, no le parece lógico que Tenerife se promocione en Gran Canaria de tal modo que, convencido de la existencia de una competitividad efectiva, llega a equiparar la iniciativa con que “si Laporta abriera un estand en medio del Bernabéu”. ¿A usted no se le caen las orejas con esta meaera, cristiano?
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