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REVIÚ de “Ángeles y demonios”

REVIÚ de “Angeles y demonios”Parece que últimamente el blog se ha puesto cinéfilo perdido, y se evade de la cruda realidad para fijarse en la ficción (será que también tiene su corazoncito). Ficción, indudablemente, es lo que se cuenta en la última gracia de Ron Howard, Ángeles y demonios, adaptación del otro libro que conocemos de Dan Brown. Repesquemos: hace unos años se armó tremendo revuelo con El código Da Vinci, obra de su autor que dejaba sin base los rezos de la Iglesia. Ésta vuelve a convertirse en protagonista involutaria de esta nueva trama, aunque de nueva no tiene mucho. La historia en cartel antecede a aquella otra en orden de publicación, pero poco importa.

Tom Hanks vuelve a ponerse en la piel del mal avenido Robert Langdong quien, si no está en el sitio y en el momento equivocados, es que algún malaje le ha ido a buscar para mertele en berenjenales del 15. En esta ocasión, requieren de su ayuda para averiguar la relación de los Illuminati con el robo de la antimateria, un elemento altamente destructivo descubierto por un científico que ha aparecido asesinado y con la piel requemada con la inscripción de esta antigua hermandad, históricamente contrapuesta a la doctrina eclesiástica. Total, que acaba en Roma envuelto en la persecución del mal bicho que ha secuestrado a los Preferiti (aquellos obispos que tienen las papeletas de ganar el anillo para gobernarlos a todos, a todos los cristianos, bajo el cargo electo de Papa), y que planea asesinarlos de una forma brutal y para regocijo del espectador, que se verá frente a unos estupendos efectos.

Antes de inspeccionar la película en una sala dispuesta a tal fin, ya había culminado la lectura de la obra bibliográfica. Vamos, que me había leído el libro antes. Y ya me figuraba que los sabuesos de Hollywood no iban a desaprovechar dar vida a tanta morbosidad y pie a efectos especiales. La esencia de la trama se mantiene en su adaptación cinematográfica (que es, a grandes rasgos, el argumento que ya expuse). Lo que se desprende de las páginas, que no de la pantalla, es ese media atracción que mantienen Langdong y la huerfana europea de turno. Es más, en la película se le ha despojado a ella de una gran carga potencial. Eso, junto al designio papal, son las grandes diferencias de una versión y otra.

Hay que confesar que a la historia le vino bien la adaptación, porque si se llegase a transliterar muchas de las circunstancias del libro, la película hubiese adolecido de flojera. Hay que agradecer a David Koepp y a Akiva Goldman el resultado de guión, que ha concedido al film un dinamismo y unos golpes de impresión muy bien logrados. Además, no concibo una rebaja de los 138 minutos de duración, ya que no hay escena que sobre. Todas son imprescindibles, y ninguna deja indiferente. No hay momento aburrido para fijarse en cuántas palomitas quedan en la caja. Tampoco es de extrañar que no hayan sido pocos los que han salido del cine satisfechos, en comparación con la anterior producción, que tenía más de polémica que de buena película. No es que sea el film que todos deben tener en su videoteca, pero de los estrenos que llevo visto este año, en el altar más alto la veo.

Archivado en: Reviús
17 Junio 2009
17:44
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