Que desde hace un tiempo muy, muy lejano haya dejado de diseccionaros a figuras del frikismo patrio, no quiere decir que una bomba nuclear se haya dejado caer sobre España y los haya transmutado, por ejemplo, en gente corriente. Aunque en esta ocasión, más que hablar de quién, voy a hablar del cómo, por supuesto, tomando como modelo a una de esas especie que seguro que a más de uno no le importaría ver corriendo detrás de una sierra mecánica (y tropezarse, por supuesto) en el hipotético remake La matanza de los frikis.
Hablemos de Erica Magdaleno. Quizás a alguno le suene, especialmente a aquel que ha seguido el Festival de Eurovisión desde lo más bajo (y casi rastrero): desde la preselección española. Los dos últimas ediciones se ha presentado al concurso, ilusa, creyendo competir contra apuestas como Soraya, La Casa Azul o el publi-personaje Chikilicuatre. Y no por ver quién tiene menos inyectado el blanco del ojo, que ahí, mira, quizás quede finalista. En realidad, voz, voz… no tiene. A lo mejor en un karaoke entre amigos resalta, pero nadie pone en duda que en una Parasarela Cibeles tampoco destaque (aunque no del mismo modo). Su estética kistch ya la habíamos visto, mezcla de lo mejor de los 80 con un glam de tipo casero. El resultado es un proyecto de friki. En efecto, un proyecto. No ha gozado de una plataforma que la revierta de un mínimo de ‘famosismo’. Yo la he nombrado por ahí y entre el populacho suena más un lagarto escondiéndose entre las tuneras. Erica decidió lanzarse en un momento equivocado, ya desaparecido Crónicas Marcianas y una vez que los programas de corazón revenido fueron cancelándose. A pesar de esto, no ha dejado de autopromocionarse, pensando que tal vez desde YouTube salte a los programas nacionales de Zapping darse a conocer fuera de su barrio, y presentándose a castings de realities cantarines. Por supuesto, lo que duró en ellos no le dejaría tiempo ni para ir al baño. Pero, bueno, como ya hemos dicho, lo importante no es cómo salgas del veredicto profesional. Lo que importa es creerse diva una misma:
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