El amor, eso tan odioso (II)
Esta última semana tocó hablar con los compañeros sobre el enamoramiento. ¿Qué estado es ese?, ¿en qué consiste?, ¿dura para siempre? La cosa está peliaguda. Las opiniones son más variadas que las salsas Hacendado. Partamos de la etimología y del significamiento de “enamorar”, según la Real Academia Española: Excitar en alguien la pasión del amor; Prendarse de amor de alguien. Para una mayor aclaración, rebuscamos el concepto de “amor”, que viene a decir que es un sentimiento fuerte hacia otra persona con la que quieres estar. Vamos, ha quedado eso tan ambiguo que cada uno lo puede entender como le dá la gana.
Una chica, que lleva un par de años de relación, decía que no está enamorada. Para ella estar ‘enamorada’ es tener esas mariposillas en el estómago. Por supuesto (y más le vale), confirma que sigue queriendo a su novio. Aunque cedió en mi insistencia, y acabó contraponiéndose a sí misma y decía que estaba enamorada de él; un chico, el típico que basa todos sus argumentos en teorías de manual y conocimientos científicos, decía que eso del enamoramiento es una fase que duraba como unos dos - tres meses, los primeros en los que conoces a esas personas.
Pues bien, teniendo ya dos puntos sobre los que apoyar mi teoría, he de decir que eso del ‘enamoramiento’, efectivamente, es una fase, pero que bien puede durar un minuto como si dura toda la vida. Se trata de un sentimiento intenso, que incluso puede derivar hacia un monosexualismo mental. Esto es, que no se llega a fijar sexualmente en otra persona, y que el material porno deja de tener el efecto con el que se ha producido y comercializado (salvo que la persona del que se esté enamorado se relacione nítidamente con dicho material, tanto ejerciendo de actor o modelo porno como sirviendo de complemento intesificador y presencial mientras se van gastando las pilas del juguete erótico). Vale, me estoy saliendo del tiesto. Reconduzcamos…
También podemos hablar del ‘enamoramiento’ como una actitud: tartamudez, bloqueo cerebral, rompimiento de tareas y rutinas, molestia a los que están alrededor al resultar monotemático (ni que decir que ese monotema señala a la vida y milagros de la persona divinizada)… La peor consecuencia es la diarrea, cagarse por las patas p’abajo antes, durante o después de estar junto a esa persona. Los efectos son más devastadores cuando no hemos confesado a la persona en cuestión lo que sentimos por ella. Una vez conseguido, no quiere decir que todas estas circunstancias dejen de darse. Lo lógico, es que con el tiempo vayan disminuyendo (el grado depende del contexto y de los caracteres de los propios implicados). No obstante, pueden perdurar eternamente. También tiene que ver con la actitud de la otra persona, si es más o menos recíproco, y si mantiene alagos y agasajos que potencian ese estado.
Evidentemente, el estado del ‘enamoramiento’ (correspondido, desvelado, o todo lo contrario) es uno de los mejores que el ser humano puede experimentar. La cuestión es poder mantenerlo. No es fácil. Depende, como ya he querido decir, de unos condicionantes que a veces no están de nuestra mano (terceras personas, que la otra persona ya no sienta lo mismo, fallecimiento…bueno, esto último es muy extremista pero es lo que hay). Seguro que se me quedan más referencias personales en el tintero. Lo noto. Pero cinco párrafos así están muy bien.
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