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REVIÚ de Eurovisión 2009

Que no se piense nadie que por no haber hablado de Melody y de sus malogrados Vivancos, o de la participación de Tony Genil en la selección española de Eurovisión, quiera decir que este año haya dejado totalmente de lado el Festival de Eurovisión. Eso, no totalmente, porque algo sí que sí. Y tampoco es que haya hecho mal. Para lo que había en la final de esta edición, no me he perdido gran cosa. Seguro que en La Noria pusieron algo más interesante (que ya es mucho decir) que una serie de representaciones musicales que no dieron el callo de años pasados.

Después de ver Eurovisión en diferido por el archivo de RTVE (consecuencia de tener un sábado ocupado es soportar los cortes en línea del vídeo), me quedo tan sólo con tres cosas: primero, el escenario, una pasada. Anda que no habrán hecho despilfarro con esas cacho pantallas, tanto a lo largo como a lo ancho, subiéndolas y bajándolas al gusto de la representación, o simplemente bajo los pies. Las actuaciones ganaron un efectismo increíble en luz y color gracias a esto. De hecho, en algunos casos, las canciones pierden valor si escuchándolas no me imagino a los intérpretes bailando con los video-wall. Hay que decir también que las dimensiones del escenario permitieron movimientos imposibles.

REVIÚ de Eurovisión 2009

Segundo, el ganador de esta edición, bien merecedor del premio. Resulta que sin ver su actuación ya estaba viendo las votaciones. Pero tras su interpretación final pude explicarme el récord que supuso alcanzar casi los 400 puntos. No pecó por falta de originalidad, pues no se rodeó de pechugonas haciendo la danza del vientre ni tomando ritmos istriónicos de ‘chunda-chunda-lo-vais-a-flipar’. Pero tampoco fue sobrio. La puesta en escena fue sencilla al mismo tiempo que creativa. Y en sí, el tema, es bien pegadizo. Ahora, que un violín suene como sonó con la cuerda suelta moviéndose más que el cantante, no se lo cree nadie.

Y tercero, y es triste decirlo, la otra gran actuación de la noche fue el revival que vivimos de la mano de Dima Bilan. Si su presentación hubiese entrado a votación nuevamente, lo veríamos disputándose los primeros puestos. Fue un gran comienzo, verlo caminar sobre el aire y después correr por una cinta (porque para todo lo que corrió ya habría llegado en dos minutos a casa de su abuela sin ella). Pero esto es así. Lo que no me gustó fue ese peinado tan gay, especialmente cuando entregó el premio junto a Lys Assia, la primera ganadora del Festival. Entonces no sabía si era Dima Bilan o un casting para la nueva imagen de Stilyus.

Hablando de arranques gays, resultó obvio que el representante griego tenía previsto atraer con su coreografía a cierto público (que enseñase al final los pezones era cosa cantada). Las canciones en sí no me llamaron la atención, pero no puedo dejar de señalar la puesta en escena de la mezzo-soprano sueca (que cuando destemplaba la voz era una ruina) y de la trágica representante rusa (el desgarro de la voz y su conversión a anciana tras las pantallas la ayudaron mucho). Asimismo, Francia y Malta también concursaron con unas buenas candidaturas.

En cuanto al resto de actuaciones, psss… ¿Por qué siempre es todo tan reiterativo y, aún así, al público le gusta? Los sonidos étnicos, sobre todo los balcánicos y de Oriente Medio, siempre están ahí, marcando el compás a una melodía dance que hace que muchas de las canciones parezcan las mismas. Si ahora, que he visto una sola vez Eurovisión 2009, me hiciesen escuchar un determinado tema, no sabría precisar si corresponde a Turquía, Azerbaijan o Armenia, si no fuese por que todavía soy capaz de apreciar el número de voces. Es por esto por lo que me ha parecido una edición tan aburrida.

Tampoco entendí el revuelo de Dita Von Teese al participar por Alemania, para lo poco que se lució (la cámara no parecía quererla); la canción de Dinamarca fue co-escrita por Ronan Keating. Sólo le faltaban los ojos claros para que fuese una calcomanía; el conjunto albano, en realidad, se lleva el palmarés friki por el vestuario. ¿Qué pintaba una chica vestida de ballet, dos engendros del Joker, y alguien con un mono azul turquesa con brillantes?; y Poyeya… Ay, nuestra Poyeya. En Europa hacía falta un Aquí hay Tomate para relanzarla de verdad. La canción se ajustaba a los cánones del eurodance, y la puesta en escena fue atractiva (nunca España utilizó algo tan visual). Pero la actitud de pasotismo de RTVE a Eurovisión se paga, cada vez más.

Y nada, que Eurovisión 2009 será mejor enterrarla en el olvido. Centrémonos en el año próximo, y a considerar que después de diez años deberíamos volver a las baladas (que tanto se llevan ahora, y si no, miren a los ganadores de las últimas ediciones), y pensando en convencer a RTVE para que renuncie a los derechos de Eurovisión en pos de Cuatro, y así ver maratones de festivales los domingos y a grandes glorias entrevistadas en El Hormiguero.

Archivado en: Euroviworld, Reviús
20 Mayo 2009
18:14
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