ALBERWORLD: el blog

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Romería de Tegueste para todos

No se considere este artículo como vulgar secuela de aquel sí clásico de este blog (hete aquí), a pesar del título subversivo, que no es más que un homenaje. No volveré a hablar de las últimas tendencias en trajes típicos, que por esos lares llaman ‘de magos’. A menos, sí, siguen combinándose con la temporada reciente en gafas de sol Versace y con los zapatos que acaban de llegar a Springfield o Blanco.

Romería de Tegueste / San MarcosEn esta ocasión quiero hablar de la romería en sí, eso que sucede al mediodía entre gritos y aplausos hasta que, una vez pasado, los recuerdos se hacen más borrosos (según los grados de la copa). El acto comienza con el baile de los herreños tan característico. Muchos se olvidan que se trata de una ofrenda a San Marcos y que, a pesar de ser el que después encabeza la cabalgata, es el que más pasa desapercibido. Ni las calles se han llenado aún, ni los que están han percibido el olor a incienso frente a las ganas de que pasen ya los carros que vienen detrás, cargados de condumios y vino.

En efecto, un número que no recuerdo de carrozas recorren la calle de Prebendado Pacheco, repartiendo lo que en principio se consideran productos típicos: papas sancochadas, pinchitos de carne, pan con chorizo, pellas de gofio… (mucho más considerados que los Reyes Magos, porque uno no se puede alimentar sólo de caramelos). Pero quien quiere algo, algo le cuesta, y tiene que pagar por ello. Hay que ir entrenados para coger las cosas al vuelo, a menos que lancen a discreción un huevo sancochado en toda la cabeza (también es verdad que no se pueden dejar a niños al frente de este cometido, que con las travesuras que gastan, las intenciones de fastidiar al público son más que probables). También hay quienes reparten palomitas, roscas, cotufas, florecillas de millo o cualquier otra patujada denominativa. Y es, precisamente, lo que menos rescatan del suelo ya que la boca pide algo con más nivel. (más…)

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27 Abril 2009
19:04
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¿Vivir 100 años por gusto? Mmm… No

La longevidad, un tema suculento. Todo depende de dónde vivimos (Primer Mundo, Segundo, Tercero… y así), y cómo vivimos (salud, alimentación, higiene, elementos sociales igualmente determinantes…). Pero no voy a hacer aquí una tabla asigando frutas ni horarios para hacer deporte con el fin de llegar a la edad más alta que podamos. Si por mí fuera, todo lo contrario. La longevidad no está entre mis planes de futuro.

Se estima que la esperanza de vida en el Primer Mundo se extiende hasta los 81 años. Bueno, es una media, porque conozco a tantos que la superan con creces y muy bien que están. No sólo eso, sino que es posible que en el 2030 se prolongue hasta los 100 años, y hasta los 120 en el 2060. ¡Ay, mi-madre-María-del-Carmen! Nunca he tenido la intención de ser uno de esos casos, y aparecer en el programa Gente como especímen centenario.

No entiendo tanto cómo los ancianos aún tienen ilusión por vivir. Mi idea del deseo por ser longevo va en estrecha unión con un propósito. Cuando uno es niño, adolescente, recién adulto fundamentalmente, va con una finalidad marcada, de lo que le gustaría hacer en esta vida. Un trabajo, un viaje, un amor… ¿Me van a decir que 70 años no les han sido más que suficientes para conseguirlo, aunque sea mínimamente? Y aún así, cuando se han visto cumplidos esos sueños, la tendencia normalmente es aburrirse de ellos. El ser humano siempre ha querido probar cosas nuevas, no estancarse siempre en las mismas. La gracia de alcanzar una meta está en eso, alcanzarla. Cuando se tiene el premio se disfruta un instante. El trofeo al final sólo coge polvo y supone un estorbo en la repisa. Vale, me he pasado con tanta metáfora…

Aunque yo aún no haya visto cumplidos mis sueños, hay veces que me siento taaaaan aburrido… Y luego me paro a pensar: una vez que los tenga, ¿compensa vivir con ellos 50 años? ¡Qué agobio! ¿Para qué vivir más? ¿Para ver morir antes a todos los que te rodean? ¿A ver cómo pasa el mundo y tú te quedas anticuado? ¿A ver con nostalgia películas de Álex de la Iglesia en Cine de Barrio? No me vale la excusa de ver crecer a nuestros hijos, nietos, bisnietos… porque, ya que estamos, también puedo arrastrarme por el suelo con el catéter esperando a tener tataranietos, tataratataranietos, tataratataratataranietos (y así hasta que se nos acabe la saliva)… Encima eso, sufrir los achaque de la vejez, y verme feo. No, señores. En cuanto me canse, entierro mi tarjeta del Insalud.

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22 Abril 2009
21:59
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EL MIRADOR. Oficina a babor

EL MIRADOR / Oficina a babor

Nunca me ha atraído la arquitectura, menos viendo semejante impacto medioambiental. Porque hacer daño, lo hace, y a los ojos. Hombre, un pokero diría “chacho, loco, está tó’ crema”. No niego que tiene su atractivo, del verbo ‘atraer’, que vas conduciendo por esa carretera y te atrae a la vista, y te empotras contra un contenedor por no mirar hacia adelante. Al menos tienes un tema de debate en la cama del hospital: “Hablando de vísceras, ¿has visto ese edificio con forma de barco en el Puerto de La Luz y de Las Palmas?”.

Lejos de si la conversación deriva hacia las características y épocas de la Escuela de la Bauhaus, lo cierto es que el motivo de esta construcción despierta algo de gracia. Pero para un momento. Hay edificios peores. Por ejemplo, cerca del parque de La Granja (Santa Cruz de Tenerife) hay un residencia (tal cual, una casa familiar) en forma también de barco, con elementos más exagerados. Falta saber si fue Chanquete vivió ahí su retiro.

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19 Abril 2009
17:44
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¿Qué entendemos por… virginidad?

¿Qué entendemos por… virginidad?Poniéndose a ver la serie española Física o Química, uno se pone a pensar en muchas cosas. Y no me refiero a por qué se ruedan tantas escenas en los vestuarios… La edad de sus principales protagonistas comprende la adolescencia, tan loca y desvergonzada, pero también en la que aún las preguntas del por qué de la vida se siguen formulando. Especialmente, aquellas dudas acerca del sexo, aunque hay quienes prefieren más bien vivir la consulta en carne propia que revisar un manual (esto lo pueden hacer tras la experiencia, pero más bien en busca de ilustraciones morbosas).

A su vez, dentro del gradioso tema del sexo, hay una cuestión primordial. LA VIRGINIDAD, así, en mayúsculas, en negrita y de todo. Para empezar, ¿con qué única palabra podremos definirla? ¿Actitud, valor, circunstancia…? No puede ser una actitud, porque no es lógico ir por ahí y que me suelten “¡qué virgen estás hoy!”; no puede ser un valor, como apuestan unos. La virginidad no puede ponerse a la altura de la honradez, de la simpatía, del esfuerzo… No se puede estimar a una persona por ser virgen, porque se puede ser puta igualmente. Incluso algunos encuentran en la ‘dignidad’ una acepción para ello, ¡que mira si eso es de antigualla!; y llegamos a una circunstancia, que sí es lo que yo considero. Se trata de un momento en la vida del ser humano, es un ‘antes’ al que le sigue un ‘después’. Ahora bien, dónde definimos ese punto. (más…)

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14 Abril 2009
21:55
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“La homosexualidad, una enfermedad con cura”

NOTA: Reproducir este archivo de audio durante la lectura.

Gloria Mª Tomás y GarridoEl pasado 31 de marzo de 1969… perdón, 2009, la señora Gloria Mª Tomás y Garrido, ilustre profesora titular de Bioética en la Universidad Católica de San Antonio (Murcia), ofreció una conferencia en la Universidad de Alicante. En este acto hizo un alarde de todos sus años de estudios e investigaciones para proponer la conclusión de la homosexualidad como una enfermedad.

Se trata de un padecimiento que brota en la raza humana mediante situaciones como la ausencia de relaciones paterno-filiales. El enfermo no ve reproducidos en su hogar el ejemplo de padre y madre (casados por la Santa Iglesia Católica, obviamente), que dan muestras de amor y fidelidad mutuos y que, por tanto, no se ve difundida la inspiración de la ley de «Hombre + Mujer = Perpetuación de la especie y de la dignidad cristiana». (más…)

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8 Abril 2009
20:25
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“Mi coño por dentro”

A nadie se le escapan los tópicos de Pedro Almodóvar a la hora de inventarse una película. No es sólo que los argumentos, los giros y los desenlaces sean truculentos (por suerte, no capta la vida rutinaria, porque no muchos esconden al marido muerto en la nevera de casa, o por la noche cuelgan la toga para trasvestirse). La gracia característica reside en esos detalles que son marca de la casa: la estética pop, la ordinariez, los actores fetiche, la homosexulidad, el putiferio, el protagonismo de la mujer (especialmente la figura materna), el trasvestismo… Es, por ejemplo, como los cuadros de Andy Warhol, que ha creado un patrón que es muy fácil de seguir por cualquiera. Con esto, lo mismo. Sin embargo, no hay guionista al que se le ocurra pecar de falta de originalidad y hacer una película similar.

Pero bueno también es imaginar, ponerse en la piel de otro y crear una nueva historia empleando esos recursos. Una historia que podría empezar con Eduardo Cifuentes, un policía local de playa admirado por viandantes y comerciantes durante el día, mientras que por la noche es la más puta de las transformistas del Club Guau-Guau. Aunque Eduardo disfrute comiendo conejo, con o sin adobo, desde pequeño siempre se sentía atraído por los lápices de labios, las novísimos conjuntos de Mariquita Pérez y las canciones de Marisol, cuyo repertorio había hecho suyo Rosita Boom Boom, ese otro “yo” que mantenía distante y oculto de su vida paralela, que compartía con Gloria Hernando, su mujer.

Eduardo llevaba la vida que quería, a pesar de las mentiras. Sin embargo todo cambia una noche interpretando Tómbola en el bar, cuando un cliente le mete una estampita de la Virgen de La Cabeza en el canalillo. Una vez en el camerino Rosita rompe a llorar al percatarse de que guarda una dedicatoria con el puño y letra de su querida madre, enferma en un centro de ancianos. Secadas las lágrimas, se da cuenta de que en el reverso hay unas señas. Sin pensárselo, acude a la cita como Rosita para averiguar su identidad. Pero cuando llega se encuentra al misterioso hombre tirado en el suelo, con dos tiros quemándole el pecho y con unas bragas rojas en la mano en cuya etiqueta llevaba escrito: “Alicaño asesino. No te fies de nadie, ni del moscardón con la bufanda del C.D. Tenerife”. Pronto, escondió la braga en una papelera. Tarde para huir. La policía la detiene sin descubrir que se trataba de su propio colega, pero la sueltan pronto al no tener pruebas en su contra. Rosita opta por no revelar la prueba heredada del muerto, la cual recogió y con la que terminó sagazmente por relacionarla con el tráfico ilegal de bragas rojas que, como Eduardo de día, persigue sin resultados. (más…)

Archivado en: Mis inventadas
4 Abril 2009
19:41
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