EL MIRADOR. Pelete en La Caldera
Los palmeros que me dijeron que todo el que visita su isla repite no se elecutrarían en una máquina de la verdad. Los cinco días que estuve en La Palma no fueron suficientes para ver todo lo que tenía previsto: los nacientes de Marco y Cordero, el Charco Azul, el paisaje pinar de Puntagorda, la mortífera carretera que va de la Caldera de Taburiente a Garafía…
Fue esto último (la Caldera) uno de los mejores recuerdos que me llevo de la isla. Ya había hablado de este cerco rocoso en un artículo anterior, cuyo punto más alto es el Roque de Los Muchachos (2.424 metros). ¡Y vaya si es alto! Dos horas en coche, por esas carreteras con más curvas que un muelle, encima algunos tramos con desprendimientos, ese frío que cala en el tuétano, la cabeza a punto de estallar por la presión… Esas fueron las condiciones para maravillarse en diez minutos con el paisaje. Eso sí, sacando las fotos casi sin mirar por no tener las manos fuera de los bolsillos más de 5 segundos. Cualquiera se convierte en una estatua de hielo.

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