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“Pasión en Hiperdino”. Capítulo 04

Y llegó el último capítulo de Pasión en Hiperdino, sí, el cuarto. Peor le fue la última serie de Ana Obregón, que no le dio tiempo a pasar por la cama de nadie. La audiencia es lo que tiene. Así que seguimos la estrategia suicida de las televisiones, y comprimimos la intención de hacer un final creativo y chocante por uno chorra. Vamos, la fantasmada del siglo. Total, ¿cuándo ha tenido sentido esta serie…?

 “Pasión en Hiperdino”. Capítulo 04

No había ya quien parase la relación entre el hidalgo Juan Adolfo y la arrebatadora Sol, ya por todos bien conocida. Pero no por ello iba a dejar de ser razón y causa de las jaquecas de Doña Gerarda Belmonte y Magdalena Matilda, que mil Nolotiles no remediaron. No obstante, hicieron todo lo indecible para separar a los amantes dichosos, desde la compra de medio departamento de Extranjería para extraditar a Colombia la doncella (aunque en realidad ella era del barrio del Batán), hasta ponerle de compañero de servicio al Maestro Florido (cuyos propios chistes acabaron con su vida antes de que Sol decidiera su propia extradición).

Los intentos por separar a ambos fueron también puros fracasos para Venancio José. El maléfico hermano tendió una trampa a Juan Adolfo en el Club Delirio. Después de que delineadísimas piernas de las chicas no surtiesen efecto en los deseos de éste, Venancio José sacó su as de la manga. La Veneno apareció de entre bambalinas, sacando su tiburón a pasear. Sí, Juan Adolfo estuvo increíblemente a punto de sucumbir, hasta ya que entre sábanas fue rechazado por la diva-divísima por no tenerla como un “Cuba Libre” con la que rellenarla como una empanadilla.

Trincar a escondidas en cada estancia de la Hacienda de la Gran Fanegada ya era una tontería. El idilio no tenía más vuelta de hoja y, contando con el beneplácito del Doctor Abraham de La Vega, Juan Adolfo y Sol contrajeron matrimonio en la casona. No se repartieron puros, pero sí ambrosías de Hiperdino.

El amor triunfó en el pueblo de San Martín de Dumio, donde cada día las briznas de sol arrecian con más fulgor que nunca, iluminando el riachuelo, las plataneras, las porquerizas, los perros cagando, las moscas azules revoloteando impasiblemente en cada curva sinuosa de esa mierda sin saber, o quizás sí, que saborean los restos de pimientos de piquillo extra, a 0′84€ el tarro en Hiperdino. Es el ciclo de la vida.
El ciclo sin fin.

Un momento.
¿Y los malos? ¡Si lo que todo el mundo espera siempre de un serial no es que esta relación pastelosa acabe en boda, sino el final más crudo y sanguinario de los cabrones que les hicieron la vida imposible! A ver, doña Gerarda Belmonte enfermó de odio, vale, pero también al enterarse de que los precios en Mercadona estaban más baratos y se murió. Ya sabemos que en el tanatorio Magdalena Matilda sólo podía pensar en cuánto estaba la docena de huevos en Hiperdino. Le sorprendieron tanto sus precios que pasó por caja más de lo que tenía en la cartera y la detuvieron por salir corriendo con la compra. ¿Y Venancio José? Vendió su parte correspondiente de la Hacienda con la ilusión de convertir Brasil en su modo de vida. Pero ocho de las chicas del Club Delirio le reclamaron la paternidad, y vive sus días pagando la manutención como reponedor en Hiperdino.

Creo que con eso ya vale, que ya los hemos hecho pasar muy mal. ¡Qué sufrido es ser malo!

Archivado en: Mis inventadas
23 Marzo 2009
23:45
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