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“Pasión en Hiperdino”. Capítulo 03

A veces pasa que nos coje por delante la vuelta ciclista a Tejina en la sobremesa, y la emisión del serial se acorta incluso hasta los 15 minutos. Así que nada, quitamos el estúpido corrillo y la estructura del episodio se queda en paños menores, que no sabe uno donde empieza y donde acaba…

Pasión en Hiperdino. Capítulo 03

La historia de pasión entre Juan Adolfo y Sol se corrió más allá del pajar, y también se corrió en la cocina, en el salón, en el baño y en todos aquellos sitios en donde hubiese una puerta que los guareciese a escondidas. No obstante, olvidaban una cosa: las puertas tienen mirillas, y Doña Gerarda Belmonte y Magdalena Matilda se las conocían todas. Así, este secreto pasional acabó por desvelarse, como el sueño de Venancio José.

Y es que el apuesto y malhechor veía peligrar su parte del pastel si la relación entre su hermano menor y la humilde mucama llegaba a acabar en el altar y en una posterior celebración amenizada por el Trío Los Diamantes. Sus caprichos entregados al desenfreno y a la lujuria contaban sus últimos días, cuando la vasta herencia de la familia De La Vega estaba a un paso de cambiar de manos.

Mientras que el idilio estaba tan crucificado en la Hacienda de la Gran Fanegada, el Doctor Abraham De La Vega no lo veía con malos ojos, ya que se sentía reflejado en él a través del recuerdo emocionado de su romance con una vendedora de gallinas. Pero eran otros tiempos, y la cruel sociedad se interpuso entre ellos. Aquello acabó como el Titanic, él hundido en la más fría de las profundidades, y ella en los brazos de otro, que resultó ser heredero del grupo Dinosol. No era de extrañar la actual orden de abatir a tiros al publicista, cada vez que venía a la Hacienda con las últimas ofertas de Hiperdino.

Después de estar ocupados toda la tarde montando, el Doctor a caballo y Venancio José a todas las prietas del Club Delirio, ambos se encontraron en el camino pedregoso que lleva de vuelta a la Hacienda…

VENANCIO JOSÉ: Padre, deténgase.
DOCTOR ABRAHAM: Qué se te ofrece, hijo.
VENANCIO JOSÉ: Tenemos que hablar. Esta situación tiene que acabar.
DOCTOR ABRAHAM: Explícate mejor. A qué te refieres.
VENANCIO JOSÉ: De la relación entre mi hermano y esa buscona. Se huele a dos celemines sus intenciones de enjoyarse con la plata de la familia.
DOCTOR ABRAHAM: No sabes de qué estás hablando.
VENANCIO JOSÉ: Pero si sé que el kilo de plátanos está a 1’43€ en…
DOCTOR ABRAHAM: … ¡En todo tu ojito estrecho, que es donde te lo voy a meter como no cierres la bocaza! Sabes perfectamente que tengo vetada en mis terrenos cualquier referencia.
VENANCIO JOSÉ: Es que en Spar está más caro el kilo, padre. Usted no se da cuenta.
DOCTOR ABRAHAM: Pero sí me doy cuenta de que el kilo de plátanos lo puedes coger gratis de nuestra finca.
VENANCIO JOSÉ: ¡Ño, qué apaño!

¿Acabarán dándose cuenta todos en la Hacienda de que han estado comprando en Hiperdino cuando ya tenían víveres en la finca?; después de esta idiotez, ¿qué vendrán?, ¿las oscuras golondrinas?; ¿cómo creó Dios la Tierra al séptimo día si era domingo y era festivo?; ¿qué pensaría Franco de todo esto si levantara la cabeza?

CONTINUARÁ…

Archivado en: Mis inventadas
8 Marzo 2009
18:18
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