La Palma, más bonita que ninguna
Mis más fieles lectores habrán estado agonizando al comprobar que llevo casi un mes desaparecido, si no en busca y captura. La falta de inspiración causa estragos. Pero también he estado algo liado, entre otras cosas, debido a acontecimientos de los cuales quisiera dar cuenta aquí. Nunca había ido a la isla canaria de La Palma, por lo que estaba abierto a encontrarme con cualquier cosa. Los cinco días que pasé en ella no sirven para contarlo en sólo cuatro párrafos por lo que, en plan de folletín novelesco, ofreceré por entregas relatos llenos de aventuras, de emoción, de dolor… Eso sí, no prometo sexo.
Creo que convendría empezar por algo más general. No es del todo desacertado ese membrete de “la isla bonita” con el que califican a La Palma. Tiene unos paisajes espectaculares y una historia rica e interesante. Tampoco seré yo quien lo descubra ni haga un análisis profundo, que para eso ya están los libros y las páginas especializadas. Sin embargo, sí que voy a dar una pequeña visión personal de lo que ví, empezando por su ciudad capitalina, Santa Cruz de La Palma (que los de otros municipios llaman ‘La Palma’ por no gastar más saliva):