MP3′S DEL MOMENTO. marzo.09
Craig David y Alex Ubago - Walking away
El Canto Del Loco - Contigo
Kevin Rudolf - Let It Rock
Los Peces - Ocho brazos para abrazarte
Soraya - La noche es para mi
The Fray - You found me
The Killers - Human
Craig David y Alex Ubago - Walking away
El Canto Del Loco - Contigo
Kevin Rudolf - Let It Rock
Los Peces - Ocho brazos para abrazarte
Soraya - La noche es para mi
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Los palmeros que me dijeron que todo el que visita su isla repite no se elecutrarían en una máquina de la verdad. Los cinco días que estuve en La Palma no fueron suficientes para ver todo lo que tenía previsto: los nacientes de Marco y Cordero, el Charco Azul, el paisaje pinar de Puntagorda, la mortífera carretera que va de la Caldera de Taburiente a Garafía…
Fue esto último (la Caldera) uno de los mejores recuerdos que me llevo de la isla. Ya había hablado de este cerco rocoso en un artículo anterior, cuyo punto más alto es el Roque de Los Muchachos (2.424 metros). ¡Y vaya si es alto! Dos horas en coche, por esas carreteras con más curvas que un muelle, encima algunos tramos con desprendimientos, ese frío que cala en el tuétano, la cabeza a punto de estallar por la presión… Esas fueron las condiciones para maravillarse en diez minutos con el paisaje. Eso sí, sacando las fotos casi sin mirar por no tener las manos fuera de los bolsillos más de 5 segundos. Cualquiera se convierte en una estatua de hielo.
Y llegó el último capítulo de Pasión en Hiperdino, sí, el cuarto. Peor le fue la última serie de Ana Obregón, que no le dio tiempo a pasar por la cama de nadie. La audiencia es lo que tiene. Así que seguimos la estrategia suicida de las televisiones, y comprimimos la intención de hacer un final creativo y chocante por uno chorra. Vamos, la fantasmada del siglo. Total, ¿cuándo ha tenido sentido esta serie…?
Ilógica. Esa fue la palabra que anduve repitiendo incesantemente (y con toda la razón) al salir de la sala de cine. Ya andaba advertido con que Más allá de los sueños, la terrible experiencia de Adam Sandler con la factoría Disney, iba a tener muchos tintes infantiles. Pero una película puede ser para niños, con un argumento propiamente fantasioso e irreal, y no contener tramas y escenas carentes de sentido. No es el caso.
La historia tampoco es que sea la leche, incluso me suena de que alguna serie u otra película haya utilizado ese recurso, el de que unas determinadas personas dicen algo por decir y se hace realidad. Al cargo del personaje de Adam Sandler (que cada vez le da por hacer papeles más ordinarios) están sus pequeños sobrinos, a quienes cuenta cuentos cuando se van a dormir. Dichos cuentos se ilustran con efectos especiales y notas de humor muy simples. Al día siguiente, a Skeeter Bronson (o sea, a Sandler) le sucede aquello que los niños habían añadido a la historia comenzada por éste. Así que se aprovecha de ello para fomentar sus intereses personales, cosa que no consigue del todo pero que da lugar a calamidades que suponen divertidas para el espectador.
Bueno, aunque la trama heroica del tío y la historia de amor final con aquella chica que le tenía asco a él las puedo consentir (recuerdo, es de Disney), no paso sin embargo aquellas desviaciones del guión cuyo abominable fin es la de potenciar la felicidad del público (lo que me hace sospechar que se nos trata como imbéciles). Por ejemplo, que uno de los niños acabe el cuento con que el protagonista acabe vapuleado por un enano furioso, y que al rato a Skeeter le venga ese enano a pisarle el pie simplemente porque está furioso.
Lo peor: el final. Tampoco es cuestión de contarlo, aunque todavía es más cruel que después de todo vayáis a ver la película. Pero he de decir que el cómo acaba el personaje de Sandler (que a saber de dónde ha sacado el montante para ser dueño y propietario), el de la rubia ‘parística-hilton’ (tan sofisticada que era y se lía con… cuán es difícil morderse la lengua) o el del padre fóbico (que olvida lo millonario que es para dedicarse a actividades samaritanas), son desenlaces que sólo se le puede ocurrir a uno friendo churros.
Por muchos son conocidos (y cuando digo ‘muchos’, arrastro a medio mundo) los carnavales de las Islas Canarias. Con sólo mencionarlo, se nos vienen a la mente esos trajes rimbombantes de las reinas anuales, los sones latinos, el ron y plumas, muchas plumas. Pero es que en Canarias no sólo hay de eso. Cada año coge más fuerza la especial celebración que se da cada lunes de carnaval en Santa Cruz de La Palma, de manera que otras poblaciones han copiado (no con sutileza) lo que venimos a llamar como “Los Indianos”.
Este acto es en realidad un homenaje, e incluso una burla, de aquellos antiguos canarios, emigrados a las Américas (especialmente Venezuela y Cuba), y que regresaron a su tierra alardeando de toda la fortuna que consiguieron en el otro lado. Dicha historia es la que marca el desarrollo de la fiesta hoy: como dichos personajes, los participantes han de acudir vestidos de la época. Da la casualidad de que los más mayores tienen su traje con certificado de autencididad o algo, porque dan el pego (chaquetas, sombreros, faldas, alhajas…). No obstante, la mayoría vamos vestidos efectivamente de blanco (como era el vestuario de los arribados desde Las Indias, de ahí “indianos”), por defecto, en cualquiera de sus tonalidades, y da igual si es una guayabera llena de bolsillos como si es una camisa Tex Basic del Carrefour, así como el pantalón, que por cosas del precio vienen a ser muchos en realidad un mono de trabajo. Para compensar este ‘cutrerío’ están los complementos añadidos como los gorros de paja, las sombrillas de encajes, las jaulas con loros de cartón, los billetes (falsos, que algunos aprovechan para colar críticas a la política actual) que se sacan en cualquier momento para fardar, las propias maletas (tendrían que ser de cuero, algo ancestral, pero la realidad es bien diferente y bien ordinaria, pues hay quien viene con la Roncato a cuestas…).
A veces pasa que nos coje por delante la vuelta ciclista a Tejina en la sobremesa, y la emisión del serial se acorta incluso hasta los 15 minutos. Así que nada, quitamos el estúpido corrillo y la estructura del episodio se queda en paños menores, que no sabe uno donde empieza y donde acaba…
Mis más fieles lectores habrán estado agonizando al comprobar que llevo casi un mes desaparecido, si no en busca y captura. La falta de inspiración causa estragos. Pero también he estado algo liado, entre otras cosas, debido a acontecimientos de los cuales quisiera dar cuenta aquí. Nunca había ido a la isla canaria de La Palma, por lo que estaba abierto a encontrarme con cualquier cosa. Los cinco días que pasé en ella no sirven para contarlo en sólo cuatro párrafos por lo que, en plan de folletín novelesco, ofreceré por entregas relatos llenos de aventuras, de emoción, de dolor… Eso sí, no prometo sexo.
Creo que convendría empezar por algo más general. No es del todo desacertado ese membrete de “la isla bonita” con el que califican a La Palma. Tiene unos paisajes espectaculares y una historia rica e interesante. Tampoco seré yo quien lo descubra ni haga un análisis profundo, que para eso ya están los libros y las páginas especializadas. Sin embargo, sí que voy a dar una pequeña visión personal de lo que ví, empezando por su ciudad capitalina, Santa Cruz de La Palma (que los de otros municipios llaman ‘La Palma’ por no gastar más saliva):
Beyoncè - One night only
Blue - This Temptation
Daniel Bedingfield - All Your Attention
Despistaos - Fisica o Quimica
Raphael & Manuel Martos - El cielo puede esperar
Sergio Dalma - Esa chica es mia