Cómo preñar sin satisfacción sexual
Tener hijos sin poder tenerlos ha sido siempre complicado. Bueno, más complicado quizás sea entender esta última frase. Ilustrémonos con ejemplos: una pareja heterosexual, fértil y sexualmente activa no va a tener ningún tipo de quebradero (a no ser que se pasen de la raya y críen en su seno a un número suficiente de hijos para montar una liguilla de fútbol). Sin embargo, si alguna de esa tres circunstancias falla, tenemos un problema. Para ello hay varias opciones de arreglo: la adopción de chinitos y/o peruanos (el hijo importado tiene que venir a juego con la decoración de la casa), o la inseminación artificial. Ambas soluciones traen consigo una serie de dificultades (no seré yo quien les descubra a estas alturas lo dura que es la vida): agobiantes trámites administrativos y el gasto innecesario de una buena suma de dinero.
Y a esta palabra quería yo llegar: innecesario. Así es, querido público. Dichas soluciones sobran, habiendo métodos alternativos y naturales de concepción. Hablándolo con frikis como yo, he creado una propuesta que no pasa de ser curiosa pero, por qué no, útil. Eso sí, si alguien de vosotros se halla bajo aquella circunstancia de infertilidad, por favor, que no siga leyendo, porque aún no he estudiado ciencia (aunque me juego mi colección de bonos de guagua a que también sobran científicos frikis en este mundo). Sólo se requieren ganas y esfuerzo para cometer la siguiente aberración que planteo:
Pongamos en un mismo cuarto a una pareja (hombre y mujer, por supuesto, del género humano a ser posible), que no se atraigan sexualmente, bien porque alguno de ellos sea invertido, bien porque la belleza fisica no les acompaña y se preferiría practicarlo con una gallina, o bien por cualquier disfunción en el organismo. En la mayoría de los casos se preferiría que el cuarto estuviese a oscuras, para ahorrar un mayor sufrimiento. Del espécimen masculino, del cual procederían las “semillitas”, requerimos que se entrene, que se caliente (y nunca mejor dicho). Baste la imaginación o algún accesorio a su elección. Del espécimen femenino (y no lo tachen de machistada), que concebimos como el “hoyo” donde depositar las “semillitas” que vienen en camino, sólo necesitamos que se encuentre dispuesta en un punto accesible (sobre una cama, una mesa, el poyo de la cocina, pero siempre en posición horizontal). Observamos que el hombre se haya entretenido, por lo que la mujer puede sentir envidia mientras. Esto no quiere decir que ella no pueda también entretenerse, pero que se busque otra clase de ocio, como escuchar su mp3 o contar ovejas porque, en ningún caso, debería obstruir la entrada de ese “hoyo”.
Suponemos que aún el cuarto se encuentra a oscuras. Cuando el hombre prevea venir esas “semillitas”, sabemos que inmediatamente perderá la mitad de sus sentidos (la otra mitad estará secuestrada por el placer). No tendrá tiempo ni ganas para buscar a la mujer por todo el cuarto. Así que para que está pueda ser localizada fácilmente, se recomienda que el “hoyo”esté iluminado (no por una vela, que es peligroso, más aún si no se ha aplicado la depilación previamente a este ejercicio, por lo que aconsejamos que se use una linterna y con pilas alcalinas que duren, por si el hombre hubiese necesitado más tiempo del que debiera). El hombre ha de precipitar su herramienta de trabajo sobre ese “hoyo” y depositar en él las “semillitas”, hasta que se note un vacío interno y no pueda dar más de sí.
A partir de entonces, puede retirarse del “hoyo” y fumar, escupir, vomitar o todo lo que le produja tal extraña situación. La mujer puede hacer lo mismo. Convendría ser generoso con la dama, y esperar a que vomite ella primero. También sugerimos que se tenga a mano unas toallitas húmedas (marca Auchán, que siguen estando baratas), por si algo saliese mal y precaver así posibles irritaciones. Por lo demás, únicamente hay que dejar que el Predictor despeje las dudas transcurrido un tiempo. Si no fuera así, hay que ser trastornado para volver a hacer una gilipollez así.
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