Cómo cagar sin ser descubiertos
No siempre se puede cagar tranquilo. La vida suele ponernos barreras al placer, y este es uno de esos casos. Quienes lo pasan peor en este sentido son aquellos que no tienen la suerte de vivir en un ambiente familiar, donde uno puede anunciar en el retrete un nuevo nacimiento a bombo y platillo. Porque hay confianza, y no hay cabida para los traumas. Pero cualquiera podemos pasar por este mal sabor de culo: cuando no hay tiempo para llegar a casa, hay que agarrarnos a lo que cualquier bar o biblioteca pública nos pueda ofrecer. Y esperémonos lo peor, ya que nadie espera que al salir les regañe por los pastuños allí dejados.
La aventura es máxima cuando la vergüenza nos atrapa entre esas cuatro paredes, sentados en el trono, y no queremos que nadie se entere de lo que estamos haciendo, sobre todo cuando se espera la más espectacular Nit del Foc de todos los tiempos (el qué dirán es un castigo que todos tememos, aún tratándose de un acto natural). ¿Qué hacer en estos casos, cuando el olor y los ruidos de la necesidad humana se ciernen sobre nosotros?, ¿cómo sacar todo lo que llevamos dentro pasando desapercibidos, pero sin escatimar en gustazo? De un intenso debate mantenido con expertos en el tema, han surgido algunas ideas que bien valen como respuestas. A continuación ofrecemos una serie de propuestas, que esperamos que las aproveche con deleite: (más…)