“Pasión en Hiperdino”. Capítulo 01
¿Han visto el nuevo anuncio de Hiperdino? Eso sí que es para decir “¡Ño!”. Parece ser que su agencia de publicidad no sabe ya qué inventar, y ahora ha lanzado una campaña que, a simple vista, nada tiene que ver con los supermercados. Por eso, la segunda pregunta más formulada es: “¿Esa telenovela es de verdad?”. No, señora, no. Pero mira como atrajo su atención, captada con aquello que a usted tanto le gusta después de dar rienda suelta al jabón Coral con la panza llena. Bien conocidos son los gustos de los canarios, aunque el símil de serial no fuese hecho para nosotros expresamente. Esta misma campaña se dio en Andalucía, mediante la marca Supersol (de la misma cadena), a la que también pertenece el emblema “Olé, qué precios”. Así que no somos las únicas ratas de laboratorio (con la Fanta Fresa ya tuvimos bastante nosotros solitos)…
Pero dejemos a los andaluces de lado, que no es lo que me interesa. Ni tampoco los intríngulis de la promoción, ni las sorpresas que promete su director de márketing a lo largo del año. La gente espera ansiosa al comienzo de las tramas, a las traiciones amatorias, a los tejemanejes familiares, y a que el galán aparezca sin camisa. Esto úlimo se me es difícil de satisfacer. Pero voy a intentar complacer los demás deseos, a ver qué tal me sale un hipotético y supuestísimo… ¡¡¡CAPÍTULO UNO!!!

Esta historia se desencadena a los lomos de la familia De La Vega, dueña y obstentora de las tierras que se extienden por el pueblo de San Martín de Dumio. El control descansa bajo el mando del Doctor Abraham De La Vega, matrimoniado con Doña Gerarda Belmonte, vástaga de aquella otra familia que ostenta el resto de propiedades del pueblo y, no obstante, arruinada. Su maliciosa intención es la de devolver a los Belmonte el donaire y los tributos de todo San Martín de Dumio. El anclaje de sus planes pasa por su sobrina, Magdalena Matilda, una joven bien parecida pero deliciosamente pérfida, quien ambiciona una vida llena de lujos y altanería.
Ambas han arreglado un idilio contractual con el hijo y primo, respectivamente, Juan Adolfo, un mozo de provecho que administra los bienes de la familia De La Vega. El primogénito es su hermano mayor, Venancio José, cuyo vertiginioso atractivo es sólo comparable con su destreza para manipular, enorme charlatán y filibustero. Su mayor afición es gastar la herencia de los De La Vega apostando en carreras de ganado y en cursos de mecanografía. O eso argumenta cada vez que baja al pueblo, donde en el Club Delirio tienen estudiados todos los lunares de su cuerpo hercúleo y pecaminoso.
El apacible desarrollo de esta vida de elucubraciones y falsedades se ve deshecho cuando a la Hacienda de La Gran Fanegada llega Sol, una preciosa mucama, fantasiosa y enamoradiza, que comienza a trabajar para los De La Vega. Como la ley de los seriales manda, el galán tontorrón empieza a caer rendido ante los encantos de ésta. En secreto, se adentran en una salvaje relación de amor y sexo en las caballerizas, cuando Doña Gerarda Belmonte está distraída viendo Corazón de Otoño…
Pero lo que empezaba a ser una tranquila tarde, en la cocina…
JUAN ADOLFO: Sol, por qué lloras.
SOL: No podemos seguir así, Juan Adolfo.
JUAN ADOLFO: Tienes que entenderlo.
SOL: Me niego en rotundo. Debes comprenderme. No puedo seguir cortando estas cebollas cuando en Hiperdino está a 1,34 euros la malla de dos kilos.
JUAN ADOLFO: ¡Ñó, qué precio!
TAN-TA-TACHÁN: ¿Será capaz Juan Adolfo de alcanzarla al supermercado en su unicornio azul que ayer se le perdió?; y si no es así, ¿descubrirá Doña Gerarda Belmonte que en la Hacienda se está cocinando con cebollas de la tienducha de víveres?; ¿hay vida más allá de la muerte?; ¿qué pensaría Franco de todo esto si levantara la cabeza?
CONTINUARÁ…
24 Enero, 2009 a las 15:04
¡Ole que argumento!, juer, si que te lo has currado chaval, me a encantado tu “capítulo 1″.
21 Febrero, 2009 a las 18:43
cual es el nombre verdadero de juan rodolfo