Los chulos son para imaginarlos
Ahorrémonos el esfuerzo de imaginar a un cantante de éxito cambiando de registro. No hace falta recrearse mucho en el caso de Alejandro Sanz, que ni ese es su verdadero nombre, ni con ese titular artístico comenzó en el mundo de la música. Muchos conocerán ya esa simpática (y cachonda) anécdota, de aquel chaval que se hacía llamar “Alejandro Magno”. En 1989 lanzó su primer disco, Los chulos son pa’ cuidarlos, con una estética juvenil, de exceso en desparpajo. La carrera del joven ‘Magno’ acabó ahí, resuelta con escasas ventas.
Ahora, la historia que hay detrás es la que sigue: el chico cambió de representante (el tal ‘Capi’), quien decidió cambiar su repertorio por canciones conocidas por todos, poéticas, melancólicas y, por qué no decirlo, a veces con un sentido que hay que rasgar para buscarlo. Para ello, había que darle una nueva identidad y borrar las huellas del engendro que fue. Todo ello pasaba, fundamentalmente, por retirar de las tiendas las copias del vinilo (formato único de lanzamiento). Así es que aquellos quienes incomprensiblemente se compraron el disco guardan hoy un recuerdo que dispararía las subastas en eBay. A ellos también les debemos que rulen por ahí las canciones digitalizadas… De esta manera es como acabaron en mi mano, para mi bestial asombro.
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