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Con Derecho, y sin él

¿Qué tendría la pasada convocatoria de septiembre en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que trajo más problemas que un ciego al volante? Ya hablamos en un artículo anterior (en este, ni más ni menos) sobre la cola que trajo el robo de un examen. En aquella ocasión se trataba del profesor contra sus alumnos. Ahora las tornas se han cambiado, y los alumnos de la Facultad de Ciencias Jurídicas (Derecho, hablando en plata) denuncian a la propia docente. ¡Y con razón! Parece ser que la profesora de Filosofía del Derecho, que se imparte en 5º curso, llegó una hora y cuarto tarde. Hablamos de un examen oficial, que no es cualquier cosa. Unos 50 alumnos se acabaron llendo, quizás pensando que a la titular le había dado un jamacuco, que a su despertador se le acabarían las pilas, o quién sabe qué.

Pues ese grupo reclamó, por lógica, la repetición de dicha prueba. El Decanato aceptó sin miramientos fijarla para el día 7 de noviembre. Y la profesora, olé sus huevos, no le dió la gana presentarse, por todo el morro. Se ve que es la típica profesora perversa, que ya ha dado problemas con su actitud soberbia, y por la que todos los alumnos la odian (e incluso piden la beca Erasmus para cursar la asignatura, fuera del alcance de sus garras). Razones no le están faltando a éstos para denunciar el caso.

No sólo se ha trasladado esta competencia a un tribunal, que examine a los chiquillos afectados, sino que el Servicio de Inspección de la Universidad está valorando las quejas estudiantiles contra esta profesora. No es para menos, sino para más. Es otro caso de un personal blindado, enquistado en un servicio público, y que ese mismo público ve cómo se le es faltado el respeto ante la inoperancia de dicho personal.

Y digo yo: qué es lo que tiene que hacer un ciudadano de a pié para que le hagan caso, cuando ve que son tratadas con  miserable indiferencia una queja tras otra con respecto a un funcionario. Da la sensación, vista la práctica, que a uno no le hacen caso hasta que el móvil de la queja es más que evidente, a pesar de que podría haberse prevenido haciendo oído a aquellas reclamaciones.

Mmm… ¿se ha notado un cierto resquemor por mi parte? Vale, me he llevado este tema al campo personal. Multitudes de veces he pasado por esto (y las sigo pasando, como hoy, sin ir más lejos), y se llega a un punto en el que piensas que todos están compinchados para dejar a incompetentes en la administración pública (o en las aulas, que lo mismo dá). Hay quienes piensan que nos quejamos por rencor, porque nos cae mal o porque trabajan de una manera con la que no estamos de acuerdo por no sernos tan favorecedora.

Pero, señores, hay mucho de verdad en todo esto. Y uno se cansa de luchar para sacar a la luz tanta mierda.

Archivado en: Las cosas de la vida
11 Noviembre 2008
20:21
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