Se ha escrito un robo
Un grupo de jóvenes estudiantes, pongamos que tres, entran sigilosamente en el despacho de su profesor de Medicina. Objetivo: robar ese dichoso examen, que trae a todos los alumnos de cabeza. ¿Tan difícil es? Eso parece (aún siendo de tipo test). Pero ahí no se queda la cosa. Es que encima de entrar en su ordenador personal y hacerse con un documento hiper-oficial, le cuelan uno de estos virus mortíferos que arrasan hasta con el polvo de la pantalla.
No. No se trata de una nueva película producida por la MTV ni de un nuevo libro de Alfaguara (no sabemos si junto al delito juvenil se mezclan amoríos varios, que ojalá). Es real como la vida misma, tan real como el puro que le está metiendo ese profesor a todos sus alumnos. Pero continuemos la historia, que tiene tela: dichos ladrones, imagino que inmediatamente después de pasárseles el efecto del barraquito, difundieron el examen por correo electrónico a sus amigotes de clase. Y claro, al final, le llega hasta al Tato. Pues nada, todos ellos aprobados y el profesor que no se huele nada. El problema viene después, a pesar de que se hacen públicas las actas de junio y todos creían que no había vuelta a atrás. Aquellos que deicidieron aplazar su convocatoria para septiembre se creyeron con los mismos derechos que los demás, y exigieron que también se les pasase el examen. Media trifulca hubo ahí. Por eso se destapó el delito y el profesor se enteró. Todas esas notas, todas esas ilusiones, todas esas esperanzas de proseguir con la carrera con la cabeza levantada, se fueron para el carajo.