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La Gomera, con curvas y a lo loco

Lo prometido es deuda, y la deuda es este artículo de corte sociológico, geográfico e incluso, cómo no, frikístico, sobre La Gomera. Uno de los últimos fines de semana lo gocé en la isla canaria, de las más verdes y altas entre las siete oficiales (porque siempre hay alguno que independiza a La Graciosa lanzaroteña). Su fama también es debida a la importancia histórica, ya que fue el último suelo que pisó Cristóbal Colón antes de descubrir América (de ahí que además se hable de la Isla ‘Colombina’), e incluso étnica. La orografía no está como para ir gritando de barranco a barranco y que a uno se le entienda, de ahí el silbo gomero, que podrá comprobar en uno de sus restaurantes que se precie.

San Sebastián de La Gomera / 01

Pero vayamos ya al meollo, a aquello que viví en carne propia y que me dejó tan marcado como el somier del sofá en el que me tocó dormir. Lo principal reseñable son sus curvas. Normal que hayan en una isla de esas características, y pobre de ella si no son por los túneles (aunque no se cuentan suficientes). La cuestión parece que está en que, para dirigirse a cualquier parte y si no es en ferry (que casi mejor, y tal como cuesta la ida y vuelta, a 63 céntimos), hay que pasar obligatoriamente por el centro. ¿Tan complicado es hacer una carretera por la costa, o es que se trata de un malévolo plan para hacernos visitar (sí o sí) el Parque Nacional de Garajonay? De todas formas, nuestro afán turístico nos iba a llevar igual.

San Sebastián de La Gomera / 02

Resulta bastante perceptible enterarse de cuándo uno ha llegado al Parque. El aumento de miradores, el cambio drástico de temperatura y la neblina que se cierne por la carretera, invocando un pronóstico de accidente automovilístico contra uno de los barrancos (espesos de verde a más no poder), indican que hemos llegado. Cuenta la leyenda, y espero no equivocarme, que fue en el Roque Agando donde Gara y Jonay saltaron por amor, dando respuesta trágica al careo tan ‘shakespeariano’ entre una familia y otra.

San Sebastián de La Gomera / 03

San Sebastián de La Gomera / 04


Otra de las cosas que me llamaron la atención fue su ‘impopularidad’. Y me refiero con esto a la escasa población endémica del lugar. Tanto es así que alguien de nosotros desesperaba por no encontrar a gente natural de Valle Gran Rey (municipio donde nos hospedamos). Todo estaba invadido por guiris, como en Playa Santiago. Lo que más se me escapaba del entendimiento era por qué ocurría en sitios así, cuya infraestructura turística era poco corriente: sólo quince metros de playa rocosa, sin locales de especial diversión (ni un solo papagayo en la entrada). Será porque La Gomera ofrece algo más tranquilo y diferente a lo estridente de siempre.

La Gomera / 05

No obstante, la mayoría de los pueblos miraban por sí mismos, por su gente, aunque siempre invitando a los demás al senderismo y apreciar su cultura interior, como la Rufina, que en El Cercado se ponía ella apacible, a un lado de la carretera, a cortar cerámica mientras dejaba que la sacasen fotos. En Chipude, por su parte, vimos la iglesia supuestamente del siglo XVI, y es un supuesto porque o la placa miente más que luce, o que se pasaron con la reconstrucción (lo mismo en el interior, que el retablo es más nuevo que los muebles de mi casa).

La Gomera / 06

La Gomera / Chipude


El recuerdo más… el que más recuerdo es aquel que nos llevamos de Vallehermoso. Cientos de curvas después, sorteando otros cientos de vallas por obras, llegamos al final del camino. No le faltó verdad a mi compañera, que gritaba que aquello era el culo del mundo en la primera cafetería que nos encontramos (castigada claro por la mirada asesina de los lugareños). Lo único que encontramos fue una playa comida por las olas, pero con una piscina idílica. En una esquina, el Castillo del Mar, que desde lejos parecía el lugar donde moraba algún monstruo y que, una vez allí, lo parecía aún más. Lo mejor fue lo peor, escuchar los lamentos de mis compañeros al retornar por aquella tortuosa y ya oscura carretera.

La Gomera / Castillo del Mar

Una de las últimas cosas que vimos fue el aeropuerto, que bien funcionaría como centro turístico más que como un aeropuerto de facto. La decoración interior era una preciosidad típica canaria, especialmente la balconada de las oficinas y la portada de la entrada.

La Gomera / Aeropuerto 01

La Gomera / Aeropuerto 02

Una de las conclusiones más tajantes que sacamos entre curva y curva es que gente como nosotros, acostumbrados al cosmopolitismo, se nos haría retorcido vivir en La Gomera. Sus ciudades son pequeñas. A la media hora de visitar San Sebastián poco había más que ver. Es un sitio agradable para vivirlo, sí, pero sólo un rato, de vacaciones. Al menos ayuda a despejarse de los pesares de la vida por unos días. Así que recomendado queda, al menos para ver a Los Alegres Colombinos cantando sus problemas matrimoniales.

La Gomera / Ayuntamiento de San Sebastián de La Gomera

 

La Gomera / ‘Los Alegres Colombinos’

 

La Gomera / Torre del Conde

Archivado en: Empirilidades
12 Octubre 2008
7:18
Comentarios :
 

1 Comment for this post

 
Lindsay dijo:

jajaja albert me aprovecho pa colgarlo en mi tuenti… se sale la cronica xDD

 

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