Las autoescuelas y la buena vida
Chacho, chacho, chacho… Después hay unos cuantos que se quejan de la crisis económica. Serán aquellos que no se han montado en el carro de las autoescuelas porque, los que están en él, están sacando tajada de los conductores como ‘tallas’. Detrás de la apariencia pública de empresas que hacen un bien social, se debe encontrar una red mafiosa que cobra dinero hasta por darte los buenos días. He comprobado, en viva persona, cómo se articula este bucle vicioso y la manera en que he podido salir con los suficientes céntimos como para comprarme un chicle.
La historia arranca esta mañana, cuando me acerco a la autoescuela (sí, lectores morbosillos, me estoy sacando el carnet) para pedir fecha de cara al exámen teórico. Ya estaba sobre aviso del procedimiento, pero nunca está de más comprobar los datos. Pues nada, tenía que conseguir un certificado médico y a hacerme la revisión que me fuí. Quedaban 20 minutos para que cerraran, pero estarían hasta los topes porque desde que llegué ya no dejaban hacer más cola. Vale, hasta aquí todo normal…