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El maravilloso y espeluznante mundo ‘friki’ (II)

Clasificación general (o por niveles de ‘frikismo’).

Resulta bastante complicado ponerse a hacer una clasificación precisa y rigurosa del condicionamiento friki… Y sí, pensándolo friamente y sin nada más saleroso que hacer, podemos dedicarnos a diferenciar un friki de otro. Porque no todos los frikis tienen el mismo talante, no. Tampoco sería yo el primero en hacerlo, ni se trata de una serie de teorías de excitante novedad: muchos compañeros expertos en la materia ya han aportado sus propuestas acerca de qué es un ‘friki X’, de un ‘friki Y’, de un friki Z’, mientras que otros se aventuran a dar otra vez la vuelta al abecedario con el fin de hallar más subgéneros.

Digamos que nos referimos a aquellas clasificaciones tradicionales, académicas, ampliamente aceptadas por el orden establecido. Dichas teorías se atienen a determinados temas, intereses o, lo que les es más característico, aficiones, por supuesto, todo ello visto como ‘raro’ bajo la óptica de la sociedad ‘normal’. Podré o no discutir lo que es un geek, un otaku, un fandom, un fan… Pero considero que previamente existe otra capa previa, superior y aglomerante, que convendría analizar. Concierne al nivel o grado en que ese personajillo, algo apartado de ese mundo ‘normal’ y aburrido, convive con su lado más extravagante. Así que, en principio, tómese como parte de una doctrina generalista sobre la especie ‘friki’ ésta, que es mi propuesta clasificatoria:

  • Friki total: estímese a toda aquella persona del planeta o psicológicamente subterránea a ella, que hace de sus peculiares pasatiempos su forma de vida. En el caso extremo, las 24 horas del día le resultan insuficientes para demostrar al mundo lo friki que es, y cuánto disfruta con ello. En el menor de los casos, pasa todo el tiempo posible actuando como tal y, si es factible, lleva allá donde vaya sus actividades más elocuentes. No tiene reparo alguno en convertir sus hobbies en tema primordial de sus conversaciones, no sólo entre ‘igual’ a ‘igual’, sino arrastrando a la especie ‘normal’ a su mundo paralelo. Existe la posibilidad de que su ensimismamiento sea tan abismal que no se de cuenta del ridiculo que pueda estar haciendo; quienes sí ostenten la capacidad de poder observar cómo los ‘normales’ hayan percibido su presencia, a pesar de las miradas despreciativas y risas burlescas, tienen un valor tal para proseguir ejerciendo de friki total sin sentir un sólo atisbo de vergüenza. EJEMPLOS: aquellos que acuden disfrazados de Naruto o de Saint Seya a salones del cómic; aquellos que se tatúan al Capitán Spok en el brazo; aquellos que celebran competiciones de Dragon Ball para la Wii; aquellos que van por ahí con un gorro con orejas de conejo; en definitiva, aquellos que celebran con alborozo el Día del Orgullo Friki (24 de mayo)…
  • Friki estándar: estímese a toda aquella persona del planeta que es híbrido, cuya personalidad es mitad friki, mitad ‘normal’. Se permite ser dominada por un enralamiento friki, pero sólo en determinados momentos porque, en los otros restantes, actúa como ser burocráticamente ‘normal’. En realidad, lleva una vida envuelta en la rutina, carente de originalidad y de simpatía excepcional. No obstante, en dichos momentos huye de esa identidad con la finalidad de pasar un rato agradable haciendo chorradas. Una vez que su otro ser le demanda o bien el ser ‘friki’ haya agotado su cupo de risas para divertirse a sí mismo y/o a su público, regresa a la vida ‘normal’. EJEMPLOS: aquellos que escriben artículos sobre temas frikis; aquellos que sienten fascinación por personajes como Carmen de Mairena; aquellos que encuentran en Youtube un canal de vídeos de dudosa gracia y considera justificado difundir el enlace a todos sus contactos; aquellos que toman a personas reales y dotan de motes para crearse su mundo cómico y de fantasías; aquellos que cuentan con palabras extrañas como ‘kiku’ en su vocabulario usual…
  • Friki oculto: estímese a toda aquella persona del planeta que anda por el mismo con la apariencia de especímen ‘normal’, pero que en la intimidad de su casa y como mucho entre familiares y amigos saca su verdadero ser. Generalmente son aquellos que se comportan como personas serias, intachables, recalcitrantes, incluso que a menudo dejan patente su opinión ácida y mordaz sobre los frikis. La actitud más usual de este subgénero es el coleccionismo de objetos peculiares, pues es quizás la forma de frikismo que más fácilmente se puede ocultar en el cuatro trastero del hogar. Este tipo son los más peligrosos, ya que por cuanto más escondido se encuentre su verdadero ‘yo’, más potente y peligrosamente insólito resulta el friki que lleva dentro. Son mal vistos por su misma especie, ya que les parece insultante renegar de sí mismo. EJEMPLOS: aquellos que coleccionan servilletas de bares y restaurantes; aquellos que tienen la colección completa de los DVD de Cine de Barrio; aquellos que cantan canciones de Enrique y Ana en la ducha y donde no es la ducha…
Archivado en: Frikería fina
24 Agosto 2008
19:37
Comentarios :
 

1 Comment for this post

 
Ant dijo:

Para mi todos llevamos un friki en nuestro interior sin tener que estar por ello apartados del mundo “normal”, cada uno tenemos nuestras aficiones y cuando estas nos apasionan acaban por atraparnos y convertirnos en un friki. Para mi estos son los frikis aficionados y serían una subcategoría del grupo de los frikis ocultos. ¿Qué tan normal podría catalogarse un sujeto que no pertenezca a esta categoría?

El frikismo no es un condicionamiento, es una actitud.

 

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