Schwarzenegger y su concepción ‘ochentera’ del siglo XXI
Es indudable que los 80 fue la década friki por atonomasia (hasta ahora). Quizás el culpable fue el despertar interior del ser humano, de exhibir el lado más recóndito de cada personalidad. La creatividad extremadamente pop y surrealista despertó y quedó plasmada en la moda, en la música, pero también en el cine. Por entonces se llevaba mucho el género de ciencia ficción: la obstinación por imaginarse mundos paralelos (Dentro del laberinto, El Cristal Oscuro), de llenarnos de extraterrestres (E.T., Mi amigo Mac), de jugar con la tecnología aún inexistente (Moonraker, Juegos de guerra), o de acercarnos el futuro. Y es aquí donde me quiero parar…
Nos resulta siempre curioso ver cómo las películas antiguas retratan sucesos y situaciones de su futuro, ese que hoy es nuestro presente o que estamos próximos a vivirlo. Arnold Schwarzenegger era cabeza de turco para plasmar en la gran pantalla las ideas más retorcidas de los guionistas. Protagonizó en esos años películas como Terminator o Depredador, pero ninguna de ellas alcanzó un nivel alarmantemente tan friki como las que a continuación quiero analizar.
La primera de ellas es Perseguido (1987), ambientada en el año 2019. Schwarzenegger interpreta a un prisionero que, por fuerza, participa en un reality show cuyo premio consiste en la libertad. Claro que para ello no debe dejarse matar por los sanguinarios que le persiguen con sierras mecánicas y mangueras de fuego en un recinto cerrado (estamos hablando de una película de acción, no se puede pedir más). Pero vayamos al tema: en la cinta podemos observar algunos elementos futuristas, como el control de los presos mediante un collar electrónico; el encendido de la cocina con una simple palabra, incluso sintonizar determinado canal si lo pedimos; pantallas gigantes y planas de televisión (¡y como valla urbana!)…
Pero entre tanta modernidad hay cosas que no me cuadran: cómo es que las imagenes de video aparecen ya contenidas en especies de memorias extraíbles, y María Conchita Alonso (la fémina que siempre acabará enrollándose con el bueno de la peli) tiene cintas de cassette analógicas. ¿Tanta mierda guarda en casa? ¿Cómo se es capaz de olvidarse de limpiar el armario en 20 años? ¿O quizás es que los mp3 se han desfasado y los cassettes vuelven a estar de moda? ¿No bastaba con que en la segunda década de nuestro siglo veamos cómo se visten de nuevo con hombreras y las mujeres se escarden el pelo? Por si acaso, no tiraré mi radio de doble pletina…
Pero ninguno de estos detalles puede compararse con lo que Schwarzenegger nos tenía preparado en una de las películas más elementales del cine. Es evidente que hablo de Desafío total (1990). Pongamos que en el año 2048 la civilización humana ya se ha establecido en el planeta Marte, que existe una tecnología con la que podemos hacer viajes ficticios sin movernos del sillón, que ya el televisor se ha cogido media pared de casa, que los teléfonos fijos cuentan con pantallas acopladas (porque de los móviles no hay ni rastro, lo que mantiene la esperanza de que la sociedad del futuro podrá vivir sin sms y politonos chungos). Además, los taxis son conducidos por títeres que misteriosamente se parecen al Monchito de José Luis Moreno, las uñas se pueden pintar de cualquier color con solo ponerse en contacto con un bolígrafo, y que el espectro de una tenista imparte clases particulares en el salón (al menos a Sharon Stone…). Vamos, que parece un mundo modernísimo, a pesar de que el revival de los 80 que habíamos comprobado en Perseguidos se haya mantenido sospechosamente 30 años después en este otro contexto (no imaginaba que los pantis ni los pendientes arquitectónicos diesen tanto juego).
Aparte de eso, el viejo logotipo de Pepsi vuelve a ser el que era, el ordenador de la secretaria del Memory Call no se cambia desde hace 50 años (mal tienen que ir de ‘perras’ en esa empresa), las tarjetas siguen siendo plastificadas y con los datos escritos a mano y, lo peor de todo, que Schwarzenegger aún sigue haciéndose el zumo con una minipimer. ¿Quién me asegura que no se hacía el bocadillo con un cuchillo eléctrico, como el que había en la lista de bodas de mi madre? ¿Es así como voy a vivir yo mi jubilación, en las mismas condiciones que cuando nací? Pues es verdad que el tiempo pasa muy deprisa, que nada parecerá haber cambiado, y que la cabeza de Alaska dentro de un tarro con cloroformo volverá a salir de gira con los bisnietos de los Pegamoides para entonces…
18 Agosto, 2008 a las 20:49
Muy bueno
24 Agosto, 2008 a las 13:24
Pero Perseguido también demuestra que las camisas hawaianas nunca pasarán de moda, lo que es un alivio, ¿no?
26 Agosto, 2008 a las 21:58
He obviado de mis comentarios la camisa hawaiiana xq no lo cosidero un revival d los 80. Es más q eso, nunca pasará de moda como el aire que respiramos.
26 Agosto, 2008 a las 22:51
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