REVIÚ de Eurovisión 2008
En la 53º edición del Festival de Eurovisión no hubieron sorpresas. Quien lo viera no apreciaría grandes diferencias con respecto a años anteriores: los países de Occidente quedan humillados mientras gana el bloque del Este. Peeeeero: Televisión Española también ha salido victoriosa, pues el programa se coló como la 6º emisión no deportiva más vista en la historia de la television de nuestro país. Hemos de suponer que buena parte de la audiencia, que alcanzó la media de 10.619.000 personas (lo que viene siendo un 62,8% de share) se rindió a la publicidad ‘politónica’ y ‘buenafuentista’ que esgrimió hasta la última gota la pasión consumista de España. Aparte de ver perder a Chikilicuatre (como el buen gusto había previsto), habían otras cosas más interesantes.

Todo parecía indicar, a tenor de las altas posiciones cosechadas últimamente por los frikis, que en efecto las puestas en escenas que dominarían la final serían ramplonas y extra-ordinarias. La sorpresa es que en la fase anterior se quedaron algunos de los grandes baluartes del arte catastrófico. Hablamos, especialmente, del pavo irlandés Dustin, cuyos berridos no convencieron al público europeo. Su única salida en un futuro: ser figurante en algún episodio de los Lunnis.
Habrá gente que no lo advierta, pero la frikería puede ir más allá de la canción mismamente. Gisela, que bebió del exito que le granjeó Operación Triunfo y el Festival de Viña del Mar, ha tocado fondo con este vestido, en la misma semifinal en la que se quedó con razón. ¿Quién se atreve a decirle que los castings para interpretar a la kioskera de C3PO terminaron hace años?

De todas formas, una buena representación casposa superó el filtro de las semifinales, como los piratas letones o peor aún, los (inclasificables) de Bosnia-Herzegovina. Increíble, pero obtuvieron finalmente el décimo puesto, para retortijones del propio José Luis Uribarri. No obstante, los nueve anteriores sí sintieron un mínimo de respeto al arte musical, lo que quiere decir que el decoro está volviendo a encajar en el Festival. Quizás la característica de este año es que se han cambiado los disfraces elocuentes por el muslo y la pechuga femenina. Quiero decir con esto, que las mujeres y su contoneo son las que han barrido en el concurso.
Empecemos de atrás a adelante en el ranking de puestos: Alemania, para la que las No-Angels maduritas no se comieron ni una rosca, pero bien que querían provocar con aquellas capas al vuelo; con menos ropa apareció la sueca Charlotte Perrelli, ganadora del Festival en 1999 y ejemplo de cómo ha involucionado la cirugía estética desde entonces; la representante de Noruega, aunque más sobria, también deambulaba por el escenario con la pretensión de comerse hasta la última cámara, y hasta las grúas y dollys si se terciaban; Kalomira, la ‘lolita’ griega, que podría haber dejado más en el escenario; y la más exuberante (¿y así fue reconocida con el segundo puesto?) se dejó caer en la partipacion ucraniana. Ani Lorak dejó un reguero de babas tras de sí (no de sus bailarines, que alguno que otro soltó pluma). Es lógico, si se sobajeaba en la mampara tras de sí, y en el estribillo sus caderas hacían humo de tanto batir las feromonas que efervescían desde el púbico y alrededores.
Otro señuelo es la puesta espectacular en escena. De eso hubo, claro, especialmente de la mano de Georgia. En principio, todo era vasto, porque me da que se aprovecharon de la ceguera de la intérprete para vestirla como a una fan desfasada de Alaska (la de los Pegamoide). Pero luego la envolvieron en un manto blanco, y enseguida apareció con un traje blanco. Algo similar hicieron los de Azerbaiján: uno se trajeó de ángel (que pegaba unos chillidos que ni un mono tití) y otro de diablo que, a saber cómo y en qué momento, se cambió de ropa. La palma se la llevó Rusia, evidentemente. Y es que la canción, que es preciosa y todo eso, se lució bastante con la entrada del patinador olímpico y con un músico junto al carísimo stradivarius. ¡Así gana cualquiera!
Pero a veces, algo sencillo se agradece. Por ejemplo, la voz de Polonia o el ritmo de Gran Bretaña, que no entiendo cómo quedaron los últimos de la lista, especialmente éste último, que la canción me tiene enamorado (y no sé si tiene que ver que los letristas sean los mismos de las Spice Girls…).
Poco más que destacar: Portugal, que a pesar de copiar ciertamente a la ganadora serbia de la pasada edición y en una lengua impopular en Europa, quedó en un puesto bastante decente; Dinamarca, que merecía más de 60 puntos al traer un tema pop bastante pegadizo; Francia, paradigama del frikismo a las puertas del fin de década, escupió sobre sí misma con una representación, más que poco pretenciosa, sí bastante extravagante. Mejor era cerrar el concurso antes de que saliese al escenario otro volado…

Durante el proceso de votaciones también hay quien aprovechó para hacer de las suyas y llevarse un poco de protagonismo estúpido. El representante sueco, Björn Gustavsson, por lo visto es un actor muy popular allá de donde apareció. Será por la fanfarronería de la que hizo gala, aunque me costó desechar la idea de que estaba bajo los efectos alcohólicos o de algún estupefaciente caducado. Por lo menos rompió el fatídico ritmo cansino de las votaciones y nos entretuvo un poco…
Hace bastantes años que no se veía una final reñida. Esta tampoco lo ha sido, a pesar de que durante las primeras votaciones Grecia y Turquía se rifaban el premio. Ganó Rusia, como ya sabrán. Vale que gozase de la simpatía de sus tantos vecinos limítrofes y culturales. Pero la verdad es que desde hace varios años que se venía mereciendo el galardón, pues tiene en su haber una buena colección de segundos y terceros puestos y, venga, que la actuación estuvo fenomenal (a pesar de la sobreactuación, hay que decirlo…).

Finalizamos esta revisión del Festival de Eurovisión 2008 haciendo balance de lo que podrá ser la edición que viene, porque vaya cómo es la Wikipedia que ya tiene una entrada y todo: los tickets van a salir un huevo de los dos ya que Moscú es la ciudad europea más cara; por fin volverá a tomarse en cuenta la decisión de un jurado experto, aunque sólo para elegir al décimo finalista de cada semifinal (al menos, vamos pasito a pasito); ¿debutarán Kosovo y Líbano?; ¿qué es eso de que México, Australia o EE.UU. serán países invitados?; ¿volverán Marruecos e Italia a participar?; ¿se está cuestionando dejar participar directamente en la final a los ‘Big Four’? Nos veremos en Eurovisión 2017, pues.
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