La Residencia Universitaria de la ULL planta cara
La Residencia Universitaria Parque de Las Islas, dependiente de la Universidad de La Laguna, ha sido un tanto protagonista en los medios de comunicación en este último mes, convulso para la propia institución. Aunque la atención estuvo más acaparada por las reclamaciones estudiantiles contra el nuevo calendario académico, en las páginas tampoco ha escapado la noticia de que la residencia y los colegios mayores reclaman un “alojamiento digno”, como así reza el artículo 1 del Reglamento del Servicio de Alojamiento de la ULL, derecho que sin embargo se quejan de que no disfrutan.
Varios motivos son los que unieron a los CC.MM. y a la R.U.P.I. en su campaña reivindicativa. La subida de precios, que la universidad suele aplicar anualmente (de acorde con el IPC), es una permanente con la que los colegiales siempre han estado en desacuerdo, pues ven vulnerado el carácter asistencial de los centros. Mientras, el presupuesto destinado a cada colegio y a la residencia viene siendo el mismo con el paso de los años. Éstos también se ven molestos ante la falta de servicios ofertados en cada convocatoria. Por ejemplo, la cafetería de la R.U.P.I. tiene sus puertas cerradas desde hace cuatro meses (teniendo en cuenta su ubicación periférica con respecto a los establecimientos), e incluso las salas de gimnasio y de DVD no cuentan con unas instalaciones mínimas para su aprovechamiento.
Uno de los mayores problemas con el que se han encontrado los residentes durante el presente curso ha sido la gestión de convocatoria de plazas y de becas, que éstos mismos califican de pésima. Por lo general, las listas de plazas extraordinarias se han publicado entre diciembre y enero. No obstante, en esta ocasión no ha sido así hasta el mes de marzo (y en plenas vacaciones de semana santa, suponiendo una molestia para los que se encontraban fuera de la isla y que debían de regresar para tomar posesión). En relación a esto, la convocatoria de becas de colaboración en los propios centros se han hecho esperar hasta hace un par de semanas. Los residentes ven ilógico comenzar un trabajo que les va a durar poco más de un mes (entre que se resuelvan las listas y termine el curso).
Por otro lado, una de las mayores razones que han llevado a los residentes a alzar su voz es la precariedad de las infraestructuras. El ejemplo más ilustrativo lo tenemos en la R.U.P.I., cuyas instalaciones llevan décadas sin pasar por unas mejoras profundas. De esta manera, los estudiantes han de pasar por escaleras agujereadas (se han producido casos de esguinces), fachadas que se desprenden, goteras que se producen cerca de enchufes, grandes humedades, así como una plaga de lagartos, cucarachas y ratones. No es una situación nueva con la que se encuentren el Rector, Eduardo Doménech, ni la Vicerrectora, Juana María Rodríguez. Ambos visitaron los centros a principios de curso, y el Rector se comprometió a solventar estos asuntos en un período de dos años. Pero, como alegan los colegiales, hay soluciones de carácter urgente que no se pueden hacer esperar.
El desalojo en verano es una de las justificaciones que más han motivado a los residentes a salir a la calle, ya que las plazas extraordinarias se ven forzadas a trasladar sus pertenencias para volver a cargar con ellas un mes después. Dicho Reglamento del Servicio de Alojamiento reconoce en el punto 4 del artículo 10 que “la Universidad podrá disponer de duchas plazas en el período no lectivo”, que suelen prestarse al Personal de Administración y Servicios, así como al personal docente e investigador. No obstante, suele ocurrir que sobren muchos cuartos (que ya los hay libres, al menos en la R.U.P.I., durante el curso), haciéndose innecesario ese desalojo. En relación a esto, en el último período de semana santa, los colegiales de los CC.MM. Santa María y San Fernando se vieron obligados a abandonar los centros. Aunque está dentro de la norma en parte, la ULL no les reembolsa el dinero correspondiente que pagan por la mensualidad.
Aparte de los mencionados, existen otros problemas que han conducido a los colegiales a concluir la falta de atención e interés por parte del Vicerrectorado de Alumnado, responsable directo de los centros de alojamiento. Las direcciones competentes de cada colegio y residencia se quejan de la incomunicación que la institución mantiene con las mismas, no informándoles de ciertas medidas que atañen a los centros (baste citar el cierre y supuesta apertura de la cafetería en la R.U.P.I., o la suspensión de las fiestas internas sin alegar justificación).
A pesar de que los residentes vienen lamentándose de estos problemas desde hace bastante tiempo, el detonante de la movilización activa se produjo a raíz del informe emitido por el Vicerrectorado del Alumnado. Dicho documento pone de relieve las deudas referentes al pago de las plazas. Los medios se hicieron eco de este documento, tachando a los estudiantes de morosos, imagen negativa que se reforzó al subrayar las pernoctaciones, la ocupación irregular de las habitaciones, la perturbación de la convivencia, el incumplimiento de las normas, los atentados contra el patrimonio, y la falta de respeto hacia el personal de la Universidad. El informe elevó estas faltas a carácter “muy grave”, cuando los residentes han contrastado que el Régimen Disciplinario por el que se rigen se mantienen en un nivel “leve”. Los representantes de los CC.MM. y la R.U.P.I. han denunciado otras incorrecciones que observan en el informe, muchas de ellas sobre referencias económicas y omisiones de datos que, puestos a la luz, darían un matiz distinto al informe.
La movilización promovida desde cada colegio y residencia dio lugar a la manifestación del pasado día 11 de abril, que les reunió en la Facultad Central (La Laguna), y donde la ‘cacharrada’ les llevó hasta el Rectorado.

El servicio de seguridad puso impedimento en su entrada a los alrededores, pero incluso éstos pudieron acceder al interior del edificio, haciéndose notar, siempre desde el pacifismo. La movilización terminó con la presentación de unas 50 reclamaciones.
La finalidad de la manifestación se consiguió, y a la semana siguiente el Rector convocó una reunión con las direcciones correspondientes, en la que se extendió una mesa de negociación. Eduardo Doménech declaró entonces que la Universidad sufre un déficit económico, y que las obras en infraestructuras deberán tomarse su tiempo. En cuanto al desalojo en verano, se comprometió en llevarles una propuesta, pasado un mes, que haga posible que los residentes no desocupen sus cuartos. Las direcciones aprovecharon la oportunidad para preguntar sobre la veracidad del informe del Vicerrectorado. La responsable de este gobierno, Juana María Rodríguez, confirmó la objetividad del documento, aunque no ofreció una respuesta valedera para las direcciones, una vez que estas le comentaron los supuestos errores. A su vez, la Vicerrectora pidió corresponsabilidad a los responsables de los centros, especialmente en la cuestión de las faltas.
La negociación sigue abierta. Tanto uno como otro ‘bando’ buscan la mejor alternativa que le parezca más conveniente, pero que a la vez sea mutuamente aceptada. No será muy fácil pues la ULL, aunque manifieste tolerar cierta flexibilidad, a la vez se muestra férrea en la aplicación de las normas. Por parte de los CC.MM. y la R.U.P.I., siguen luchando por el bien de sus colegiales dentro de sus posibilidades. Aunque, como así lo demuestra la historia, es una ‘guerra’ que continuará tras cada curso académico.
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