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La Residencia Universitaria Parque de Las Islas

Anoche arrancó en la Residencia Universitaria Parque de Las Islas la Fiesta Canaria, una serie de eventos con motivo de la festividad al Dia de Canarias (30 de mayo). La intención siempre ha sido revalorizar la cultura y costumbres de la tierra entre los residentes, así como en los extranjeros que conviven en el centro como estudiantes Erasmus.

En su momento ya estuve hablando en este blog, mediante un reportaje fotográfico, de ese micromundo, de siete pabellones. El número no es muy casual. Cada uno de los cabildos canarios aportó dinero para su levantamiento, allá a principios de los ochenta. Pero las plaquitas de la entrada tampoco engañan, que el Fondo Europeo también puso, puso las piedritas decorativas en los muros. En 1988 se pagaba 4.500 pesetas por la plaza, que más de eso nos lo gastamos una tarde en el Mercadona. Quién pudiera volver atrás, ¿verdad?, y ser residente en la década de los 90 para hacer uso de los dos cuartos individuales (unidos por el baño) para cada uno. Y es que por entonces no se llenaba la residencia tanto, porque hoy en día hasta dos personas que no se conocen de nada han de compartir la misma caja de zapatos.

Otra historia que muchos no sabrán es que la propia Dirección era la que administraba la convocatoria de plazas, e incluso efectuaba los pagos. Quiero decir con esto que la Residencia era completamente autónoma, hasta 1995. La Rectora de la época, Marisa Tejedor, parece que pretendía liberalizar los centros de alojamiento y aplicarles un precio mayor del marcado actualmente. Por supuesto, los estudiantes se negaron en rotundo y la encerraron en el Rectorado para negociar, sí o sí. Un acontecimiento épico para el movimiento estudiantil. Se crea entonces el Servicio de Alojamiento.

A finales de los 90 la compañía seguía creciendo: el Colegio Mayor San Fernando se traslada al Parque de Las Islas durante los cuatro cursos que duró la reforma de su centro, alojándose en los pabellones D, E y, en un principio, el F. Por cierto, el F, que había sido en antaño el pabellón social hasta que construyeron el que hay actualmente. Allí además estaba el servicio de comedor, como el que tienen hoy los Colegios Mayores, hasta que lo pasaron como cafetería. También había una sala de planchado, hasta un cuarto para máquinas de escribir (no tan antiguas como los ordenadores que hay en la sala de informática actualmente).

Alguien que ya no está entre nosotros, pero que tiene reservado un hueco muy especial en ella es el antiguo encargado de mantenimiento, Carlos Martínez. Quienes lo conocieron sólo pueden dar buenas referencias. La historia del Parque de las Islas está muy ligada a él, tanto que vivía en la casa que hay en la entrada, junto a su familia. Dicen de él que era un defensor acérrimo de los estudiantes, a quienes acompañaba a las manifestaciones, daba cobijo en su propia casa, o costeaba de su bolsillo materiales y reparaciones que urgían en el centro. Además, a él se le debe la Fiesta Canaria, pues la idea fue suya.

Los residentes viven más en el centro que en su propia casa. Muchos se han hecho amigos, hermanos, novios, incluso padres los unos de los otros. Y esa es la esencia de la residencia, de su historia. No son solo muros ni hierbajos. Detrás de todo lo visible esconde relaciones humanas, buenas o malas, de la lucha por los sueños, que pueden marcar sus vidas, mucho más de lo que puede hacer un título universitario. No son los primeros ni los últimos que han pasado por eso. Cada curso, a lo largo de estas últimas décadas, son pasajes de esa historia, la misma que los une. Y de la que deberían estar orgullosos de compartir con las miles de personas que han pasado en algún momento de sus vidas por la Residencia Universitaria Parque de Las Islas.

Archivado en: Cajón desastre
10 Mayo 2008
14:23
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