El libre albedrío de Eurovisión
Este año, TVE se ha sacado de la manga una nueva invención para elegir representante a Eurovisión. Para otros aspectos ya había utilizado internet de cara al proceso de votaciones. Ahora buena parte del mismo se ha volcado a través de su propio MySpace. Los aspirantes podían registrarse y, si superaban los requisitos de la UER (Unión Europea de Radio-televisión) y los propios del ente español, desde el sitio se les enlazaba a sus espacios para darse a conocer. Así es como finalmente contamos hoy con 537 candidatos, de toda clase y condición, desde los más serios hasta los más rastreros.
De cara a este artículo, he intentado escuchar todas y cada una de las canciones. Pero ya no tanto por falta de tiempo, sino por precaución sanitaria, decidí después frikear de forma aleatoria. Puedo dar entonces una opinión general, pero con la suficiente precisión como para llevar a muchos candidatos a juicio por atentar contra lo que un día Bethoveen tanto amó. Hay de estilos, temas y burdas copias como peces tiene el mar: hip-hop español de denuncia social, rappeadores cachondos, resurrecciones ochenteras, alaskas reprimidas, drags aburridas… Vamos, que apenas aportan nada nuevo a la música española. Bueno, algo sí. Pero nada bueno.