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‘Estado’ de embriaguez

Hace cosa de dos domingos atrás, el periódico chicharrerista El Día publicó una de sus controvertidas editoriales en loa de Tenerife. No le bastaba con menospreciar a la isla de GRAN Canaria, restándole la importancia que tiene. Ahora le ha dado también por promover una política independentista del Estado español. Bueno, es una idea respetable aunque yo no comparta. Pero es que aquel texto venía acompañado de los estatutos de una nación ficticia, que reúne una serie de artículos disparatados que ni a Tim Burton se le ocurriría tras su undécimo cubata.

Dicha editorial recoge quince artículos de un estado imaginario propuesto por Antonio Cubillo. Todo se explica porque hablamos del presidente del Congreso nacional de Canarias, brazo político del Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario. El sujeto en cuestión habla de una república federal y laica. Hasta ahí, todo parece coherente.

Cubillo comienza a desvariar al querer recuperar el servicio militar obligatorio, a partir de los 17 años. A ello se une también la obligación de prestar una semana de servicio de entrenamiento anual, hasta una vez cumplidos los 40. ¿Es tan necesario ese refuerzo para un mundo ya relativamente pacífico? Lo que son obvias son sus pretensiones de crear un ejército patrio, que defienda a las islas de los ataques berberiscos, o por si al Almirante Nelson se le ocurre volver, que nunca se saben las vueltas que da la vida.

A pesar de que rechaza un ideario racista, Cubillo observa que “los extranjeros no podrán ser presidentes o directores de empresas establecidas en Canarias, asociaciones de vecinos, clubes, periodistas o propietarios de ningún medio informativo”. ¿Quién nos vendería entonces el último reproductor de la marca Sonia? La contrucción de guetos podría ser el próximo paso de esta idea, que sí es racista.

Pero lo que me ha hecho llevarme las manos a la cabeza ha sido el artículo en relación al idioma oficial de la república ficticia. El castellano sería la lengua pública, pero sólo en un principio. Luego Cubillo señala que será obligatoria la enseñanza del berber o tamazigh, ‘que se convertirá en oficial’. A esto se le llama sacarse una lengua del bolsillo por gusto. Tampoco hay necesidad de pasar por esos calores. Si se trata de reivindicar una identidad, ¿no sería más cómodo organizar un sancocho o ver Tenderete?

Por otra parte, las fantasías de Cubillo tienen su lado positivo. Por ejemplo, le reconozco planteamientos como su oposición a la pena de muerte y a los títulos nobiliarios, la nacionalización del petróleo, agua, luz y teléfono, y la representación en el senado de los emigrantes, aunque sólo de Cuba, Venezuela, Argentina y ‘Europa’. Discutible también es eso de localizar la capital “en las faldas del Teide”, bajo la excusa de ser una posición estratégica. Por lo visto el concepto de ‘concenso’ lo desconoce.

Parece ser que El Día ha reculado un poco en su última editorial en cuanto a esta proclama. Lo mejor que puede hacer el periódico chicharrerista es seguir regalando dvd’s de cocina y dejar a Antonio Cubillo que continúe siguiendo al conejo de la suerte hacia el País de las Maravillas.

Archivado en: Las cosas de la vida
11 Septiembre 2007
19:41
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