Gran Canaria: Sol y mar, verde palmar
Hay gente fuera de las fronteras archipielágicas de Canarias que concede a este (humilde) servidor unos momentos para leer sus particulares impresiones e ideas sobre el mundo.
Escribir ahora sobre los valores de mi isla no sólo se basa en mi deseo de mostrárselo a ese grupo (además de mantenerlos presentes en mis paisanos), sino también en una sana intención de poder fardar de las maravillas de las que me veo rodeado y que se embuten en un territorio al que la publicidad local se refería hace años como un “continente en miniatura”.
Este repaso (demasiado breve para todo lo que en realidad podría y querría hablar) se inicia desde una vista general, que os haga una idea de su ubicación cuasiremota.
En el ángulo inferior izquierdo podréis apreciar como unas bolsas en el forro de un libro (porque ese efecto de relieve así lo hace aparentar), está ese conjunto de siete islas, a la que en esta ocasión me referiré concretamente a Gran Canaria, resaltada a propósito por donde está África (que a más de un de por ahí le gustaría para ahorrarse el viaje en cayuco).