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El espíritu navideño

Mi época del año preferida es la navidad. Está el frío, que me encanta más que el calor del verano (¿he dicho ya que lo odio, porque me pone las camisas perdidas?). Indudablemente, porque también significa vacaciones, aunque lo más conveniente sería entrecomillarlo. Son días libres que intento aprovechar para quitarme trabajos de encima (jamás lo consigo). Por otro lado, están las compras de navidad: decidir qué le echo a los míos por Reyes, ir de aquí para allá viendo y comparando precios, empaquetarlos y esconderlos hasta el día en que se entregan. De todo esto, me ilusiona más la ilusión y ver las caras de mi familia ante los regalos, que recibirlos yo.

Exactamente, la navidad para mí es eso, el supuesto espíritu navideño que envuelve todo eso. Digo “supuesto” porque, tal y como va el mundo hoy por hoy, yo ya no doy nada por válido.

Es bastante triste escuchar cada año a la gente soltando cosas como que tienen ganas de dormirse y no despertarse hasta que pasen las fiestas. Por lo visto, estas fechas traen muchos recuerdos. Y, ¡hombre! Se supone que son buenos recuerdos. No creo yo que a todo el mundo se le apalease (o una burrada así parecida) precisamente en navidad. Aunque lo cierto es que ninguna fecha justifica eso… ¡Qué pasa! ¿Es que nadie ha tenido nunca buenos recuerdos de esa época? Pero, ¿quién no ha tenido navidades penosas?. Pero, por suerte, se han quedado atrás y forman parte del pasado. Esto es lo que tendrían que pensar todos, y ser positivos. Con la vida, en general…

Eso de decir que las navidades es un invento comercial es sólo una excusa a todo esto que digo. Eso sí, estoy de acuerdo con que ser felices y hacer las paces (y el amor, sobre todo…) no hay que reservarlo para un par de semanas al año. Pero si estas fechas ayudan lo que no las otras 50 semanas, pues ¡bienvenida sea la navidad!

Archivado en: Las cosas de la vida
26 Diciembre 2005
12:38
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