Falsa Idaira
El lunes 10 de octubre apareció publicada en el diario chicharrero El Día una columna, más que crítica, insultante. Su autor es el tal Andrés Chávez, que escribe lo que sigue:
1.- Idaira no es la Idaira de Canarias, sino una alumna de la Facultad de Periodismo que me escribe para decirme que soy un “fenómeno social”, pero que debo ser más humilde. Idaira es, en suma, un nombre supuesto. Bajo su carta amable se esconde resquemor. Los profesores de allá arriba no deben ser muy buenos porque la chica escribe rebeldía con uve; y se olvida de las haches (”a engrandecido”, dice). Me acusa muy caro de vender mis libros y añade que “usted (yo) es un periodista, no un publicista… y mi opinión es que para ser un buen periodista hay que ser humilde, con 20 años o con 60″. Idaira (que no se llama así, sino a lo mejor Juana, o Eva, o Eleonor) indica que “la Facultad de Periodismo se ha convertido en una convención de amigos… que alguna vez han escrito algo y otra vez, hace muchísimos años, sacaron la carrera y ahora los han puesto a dar clases”. Habla de los bandos enfrentados en el centro y de los “líberos”. Y dice que muchos de los profesores se pasan la enseñanza por “donde le dije”.
2.- Es la primera reacción escrita que tengo a mi afirmación (que reitero) de que la facultad citada es una escuela de analfabetos funcionales (es decir, muchos de sus alumnos saben leer y escribir, pero apenas entienden lo que escribe o lo que leen). Ciertos profesores de ese centro son unos auténticos desastres, incapaces de enseñar algo a la gente que sestea en aquellas aulas. No todo es malo en la mencionada facultad, naturalmente; el otro día ponderé la labor de profesores como Humberto Hernández, que suponen excepciones a un elenco docente que los chicos y chicas y viejos no merecen.
3.- Sobre las alusiones a mi capacidad para el marketing, no le falta razón a la falsa Idaira. Me gusta mucho promocionar y vender un libro; y en cuanto a sus quejas sobre el precio, no son justas: “El dedo de Mustafá” se vende a 18,9 euros, cantidad realmente asequible a cualquier bolsillo. Cuando quieras, me llamas a mi despacho (922 273812) y seguiremos hablando, de manera confidencial, de esta facultad abominable y de todo lo que tú quieras. En ese libro hablo de la relación que quise tener con mis alumnos, pero no me dejaron. Un godo bembón perdió mi expediente cuando optaba a una plaza de profesor titular interino. Lo siento por gente como tú, falsa idaira, que merece mejor suerte. Aparcando la humildad, conmigo se habrían divertido, al menos.
Pues bien, me dirijo a usted, autor, de la misma manera que lo hace con el lector. Esto es, punto por punto, para que al párvulo o al simple lerdo le sea más comprensible su lectura:
1.- No le quepa duda de que sea usted un fenómeno. En mi Facultad, la misma que menciona, lo fue, aunque bastante pasajero, lo que duró su puyazo en el centro (un par de días como mucho). Lo que le es permanente de ese concepto es que sea extra y ordinario. Quizás no hay mayor ordinariez que valerse de la carta de una pobre alumna (que nada más por el hecho de “enardecerle” ya dice bastante poco de ella) para desahogar sus propios resquemores (el único que aquí los tiene) con mi Facultad. Tampoco le discuto que sea usted humilde, esa virtud que, como bien dice el diccionario, consiste en reconocer nuestra bajeza. En efecto, con este artículo, usted ha demostrado su propia ignominia.
2.- Compruebo que goza insultando a los alumnos (analfabetos funcionales) y a los profesores (auténtico desastre). Goza haciéndolo como los cochinos revolviéndose en su pocilga. En primer lugar, nosotros, los alumnos, venimos de otras carreras (a la Facultad de La Laguna sólo se puede acceder con un primer ciclo bajo el brazo, le recuerdo). Mire que es difícil llegar a donde estamos si en todos nuestros exámenes escribimos rebeldía con v. Pero nadie, como usted, es perfecto. Sépanos perdonar las faltas, por favor. Por otro lado, también nos hace referencia como esos chicos y chicas y viejos. Viejos… Podría haberse llenado más la barriga y no escatimar en adjetivos y sustantivos: aprendices, constantes, decididos, emprendedores, luchadores. Ahí hubiera estado más acertado. En cuanto a los profesores, los encuentra como ese auténtico desastre. Cada uno de ellos tiene su forma de enseñar, mejor o peor. No seré cínico (si no, no valdría para el periodismo) y no le negaré que alguna vez que otra hemos comentado entre nosotros los defectos de nuestros profesores, como personas que son. Tampoco es que seamos conformistas. Por eso, si usted hubiese estado delante de nosotros en un aula, entonces sí que lloverían las solicitudes de queja en la administración del centro.
3.- Le seguiré dando la razón, en este caso, de que su libro es asequible. Evidentemente, lo es para la alta suciedad que gusta de comprar ejemplares para decorar las estanterías de su polvorienta biblioteca. Espero que la próxima entrevista en persona con su fan incondicional (ahora que ella tiene su número de teléfono) le sirva para corregirla en esas faltas ortográficas que tiene, y tenga así la relación que quiso tener con sus alumnos (que me imagino que sea esa, porque ninguno de mis profesores me ha invitado a seguir hablando de manera confidencial, y de todo lo que yo desee). Por suerte, gracias al que usted llama “godo bembón”, que perdió su expediente, también nos ha quitado de encima su presencia en las aulas.
Deja un comentario