El Gobierno marroquí viola los derechos humanos de los saharauis
Una clara obligación del periodista es mantenerse informado de todo, incluso de aquello de lo que no quiera. En este caso, antes de meterme de lleno en estos temas para la empresa para la que trabajo este verano, apenas sabía de qué se trataba. Ya oía “Frente Polisario” e intuía que hablaban de por ahí, de algún sitio de África. Nunca le había puesto demasiada atención porque me parecía un rollo político más. Pero no es así.
El Frente Polisario es como se conoce al Congreso Constitutivo para el Frente por la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oroque, que lucha por que se reconozca el Sáhara independiente. Me imagino que sabréis que el Estado Español (que es más propio señalarlo así, con ese halo franquista de amor a la Patria) desocupó África, y según algunos, de la manera más desastrosa posible (no lo sé de propio conocimiento porque no con orgullo puedo decir que mi profesor de historia pasó este tema por alto). Desde entonces, Marruecos tiene ocupada la zona. Los saharauis se han resistido a la soberanía marroquí, algo a lo que se oponen, no con poco sufrimiento y dolor. Se trata de una convivencia forzada de dos pueblos que apenas tienen que ver, y todo por el simple disfrute del poder de unos pocos. Guerras, hambre y pobreza se han vivido en esas tierras durante cerca de 30 años. Y siguen viviéndose…
Muchas han sido las delegaciones españolas que han intentado viajar hasta El Aaiún (capital de esta parte occidental del Sáhara de la que tratamos), las cuales tenían el objetivo conocer de cerca la situación (aunque en la redacción se huelen más bien fines propagandísticos). Sin embargo, mucha suerte tendrían si al menos su avión conseguía despegar. De todas formas, igual no pisarían suelo saharaui. Marruecos será todo lo ruin posible, pero tonto no es y sabe a lo que va esta gente. Por eso, para que no metiesen las narices, no les estaba permitida la entrada al Sáhara. Pero a principios de agosto, cuatro sacerdotes canarios lograron entrar en El Aaiún, lo que no significa que no fueran a estar vigilados por la policía secreta, quienes los siguieron nada más aterrizar. Con mucho cuidado se movieron por la ciudad (ni siquiera les dejaban echar fotos), y aún más les costó entrevistarse con las víctimas de la represión que se vive allí. Uno de ellos, probablemente por ese motivo, se encuentra actualmente detenido.
Los tres días que estuvieron comprobaron la inmensa represión existente, impuesta por Marruecos a los saharauis, quienes sólo desean la independencia de su pueblo, ahora sitiado a cada esquina. Pudieron comprobar en persona la ansiedad de algunos, por saber cómo nuestro país observa la situación y qué planes tiene para actuar (si es que tiene…). La que está desprestigiada es la MINURSO (Misión de las Naciones Unidas para el referéndum del Sáhara Occidental, desplegada para supervisar el alto el fuego), porque más que mediar, en verdad se pavonean de aquí a allá con grandes coches como si estuvieran de turismo. Realmente, la ONU declaró que en la zona se celebrase un referéndum de autodeterminación, a lo que Marruecos se opone en la práctica.
Mientras, los saharauis permanecen inseguros en su propia ciudad, incluso en el Palacio de Justicia y en los hospitales. No es para menos, cualquier protesta está castigada con 20 años de cárcel, además, en la llamada Cárcel Negra. Se trata de una prisión en la que se vive en condiciones infrahumanas, de modo que los encarcelados (algunos de nacionalidad española) viven apretujados en sus celdas. De estos se sabe al menos su suerte, no así de los 230 desaparecidos. A pesar de saber a lo que se enfrentan, diariamente los saharauis organizan manifestaciones para apoyar a estos presos. Y es que entre ellos existe un claro sentimiento de solidaridad. Y es tan poco el aguante, que temen que el clima de tensión existente desemboque en una violencia extrema.
A su vuelta, redactaron un informe que estos días han difundido al público. Su intención es dar cuenta de la ahogada situación del pueblo saharaui, para el que piden el cese de la opresión, el libre acceso al Sáhara Occidental, así como la liberación de los presos. La conclusión que los cuatro curas sacan de esta cruda experiencia es clara: El Gobierno Marroquí viola los derechos humanos de los saharauis.
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